viernes, 23 de octubre de 2015

20.

Diría que empiezo una nueva etapa, es una nueva década, son 20 años de supervivencia. 20 años, no me lo creo. La de cosas que han pasado ya y, como quién dice, tan sólo han pasado 20 años de ese fatídico 23 de octubre de 1995.
No es que sienta especial emoción por cumplir años, si soy 100% sincera, todo lo contrario. Me quedaría con estos años y ya. De hecho, he dicho que este es el último año que cumplo años. Basta ya. No puede ser que ayer tuviera 18 y hoy ya tenga 20. Pues no, me niego.
Aunque, en realidad, no me puedo quejar.  Los llevo bastante bien. Tengo todo lo que puedo "necesitar" dentro de lo que cabe. Tengo unos amigos estupendisimos, personas que aún estoy conociendo, una familia de 10, que cuando los necesito están ahí... ¿Yo qué sé? Creo que no necesito nada más.
Si me pongo a hacer un balance ahora de todo lo que ha pasado este año, no tengo ninguna queja, la balanza se inclina hacia lo bueno y, por eso, no me puedo quejar. Obviamente, ha sido un año con muchos altibajos, personas a las que he querido muchísimo, se han ido para no volver nunca más por diferentes circunstancias y hoy es cuando más los echo de menos. Esas llamadas o mensajes que no voy a recibir hoy son las que más echo y echaré de menos.
Y, hablando en plata, gracias a lo que fuera, no me han despertado con ese puñetero mensaje que recibía toooodos los años a las 4:45 de la mañana: "hoy, hace x años atrás, nacía una hermosa niña, la cual se llamó Evelyn". Si hasta me lo sé de memoria. Que poca cara tienen muchas personas... Pero no, no me puedo quejar.
A medida que voy escribiendo esto, me voy acordando de pequeños fragmentos del año pasado que fueron felicidad en estado puro. Noches, llegadas, paseos, primeros "te quiero" que me inhundaron de felicidad, lecturas, llamadas por Skype, visitas a Gustavo, cafés para charlas infinitas, "bancos de confianza", ser una "erasmus" francesa  por una noche, conciertos, nuevas amistades, amores pasajeros, amores perpetuos... Millones, millones de recuerdos. Y, joder, son todos buenísimos. Los malos, pues prefiero guardarlos y que queden en nada.
En fin. Feliz cumpleaños, Eve.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Command me to be well. Amen.

No me gusta el juego de no saber qué narices voy a hacer con mi vida. De pronto nada está claro y es tan difícil... De todas formas, tampoco quiero precipitarme a nada y seguir en este plan de no saber nada y no tener nada claro. Es entretenido, hasta cierto punto. El no saber qué es lo que te depara el destino, el no saber qué es lo que harás dentro de media hora, el vivir sin preocuparse en el qué pasará si...

Las mañanas pasan lentas y son rutinarias: levantarme, desayunar, pasear a India, volver a casa, hacer el pincho para la cafetería, los bizcochos también para la cafetería, la comida de India, la comida para casa y comer. Fin. Y luego, es todo tan aleatorio, no hay nada planificado y, me parece mentira, pero me encanta. Al final del día, un capitulo de El Principito y a dormir. Es mi parte favorita del día, sin dudas.

A veces, el capitulo de este es por las tardes, antes de dormir la siesta. Me encanta. Parecerá una tontería, pero es que a mi me encanta. Es decir, me vuelvo a sentir como si tuviera cinco años y me siento tan bien... Me olvido de los problemas que tengo, me olvido de todo lo que me rodea, de todas las preocupaciones y de los fantasmas del pasado que se vienen a mi cabeza para atormentarme una y otra vez. Me siento afortunadísima de tener esos minutos de gloria. Ay, lo echo de menos ahora. ¿POR QUÉ?

Luego se le da por decirme cosas bonitas y me lo creo, claro. Me empiezo a emocionar y, cuando estoy toda moñas y toda ñoña, suelta algo para que me enfade y me den ganas de ahorcarlo. Pero se me pasa en seguida, cuando empieza con su "peequeeee". Sabe como hacer que se me pasen los enfados rápido. También es mucho de hacer comentarios soeces, propios de él. Porque es así, sin más. Y es que es tantas cosas a la vez. O, si no, se me da a mi por decirle algo bonito, dejarle un testamento enorme para que lo lea a la mañana siguiente y a veces me contesta cualquier otra cosa, como si no lo hubiera leído, entonces me enfado y le digo que nunca más le diré cosas bonitas. Pero miento, porque sé que le volveré a dejar algún que otro testamento un par de días después.

Si es que me podría pasar las veinticuatro horas del día hablando con él, o mirándolo, o escuchando como toca el piano y haciéndome emocionar con muchas de las canciones que pone. No sé como lo hace, pero es que siempre, SIEMPRE, encuentra ésa canción que hace que me acuerde de algo, que me emociona, que me hace recordar otros tiempos. Es gracioso, porque cuando él toca el piano, la cabeza me empieza a trabajar a mil por hora y se me empiezan a ocurrir un montón de historias que contar, es como si fuera una fuente de inspiración.

Pero tampoco quiero decirle mucho, porque si no, se lo cree y se le empieza a subir el ego. Claro, luego es culpa mía que esté todo tontito. Pero es que me gusta que sea tontito. En realidad, me gusta todo él. De principio a fin. Desde su más alto estado de ánimo, hasta su más bajo. Todo. Sin embargo, deja de gustarme  un poco cuando me pide que le diga cosas que no me salen decirlas en voz alta todavía. Ay, cuando lo vuelva a tener para mi...

miércoles, 22 de julio de 2015

Just anothet day.

Hay canciones que aparecen en cierto momento de nuestra vida y parece que te hablan directamente a ti o, en todo caso, que son esas palabras que nunca te atreverías a decirle a nadie, porque eres la persona más cobarde que existe en la faz de la tierra. Pero para eso están las canciones, para expresar esos sentimientos y esas frustraciones que sientes.

Desgraciadamente, de un tiempo a esta parte, siento que todas esas canciones están escritas para mi o que describen exactamente todas esas sensaciones o emociones que no soy capaz de decir. Por cobarde. Por infantil. Porque no soy capaz, en realidad, de decir lo que de verdad siento. Y ahí es cuando empiezan los problemas y mis bucles infinitos de dudas, miedos y desengaños. 

Es que a veces soy una persona que no es capaz de callarse las cosas o de omitir ciertos comentarios, sin embargo otras no soy capaz de decirlas de verdad, o si las digo, las dejo caer de tal forma que ni siquiera termina pareciendo a lo que en realidad quería decir en un principio. O las digo en tono de broma y eso puede llegar a confusiones. Aunque, todo hay que decirlo, las grandes verdades suelen decirse en tono de broma, ¿no? O al menos, está ese dicho.

Pero también está eso de que me hago ilusiones con nada y empieza ahí el problema de los errores. Caer una y otra vez en lo de siempre. Y otra vez. Y otra. Otra más. Al final, no sé ni lo que quiero ni lo que dejo de querer. Pero estoy tan cansada de que la historia se repita siempre que esta vez, esperaré a que se me demuestren las cosas. Sí, está decidido. Da igual lo que se diga, da igual lo que pase de aquí en más, si no se demuestran las palabras, no creeré en nada.

Me siento tan vacía.

"So I look in your direction, but you paid me no attention, do you?"

jueves, 2 de julio de 2015

We never change.

Eso de que nunca cambiaremos es una tontería.  Todo el mundo cambia, ya sea para bien o para mal. Porque de eso va el tema de la evolución del ser humano y eso, ¿no? ¿O acaso una mariposa, nace ya siendo mariposa?

Todos sufrimos una metamorfosis. Quiero decir, no nos quedamos en un mismo estado, pues es imposible que seamos para siempre iguales. Es lo bonito de crecer. Ir dándote cuenta de que, por más que quieras que todo siga como siempre, no es posible, que tu vida va a tener cambios, que conoces gente nueva, canciones nuevas, incluso películas que harán que dejes de ver las cosas como las viste siempre para empezar a ver un mundo totalmente diferente.

Sin embargo, hay cosas que no cambian. La esencia de una persona no cambia nunca. O al menos, no ha de ser así.  Los valores, la personalidad, "la forma de ser". ¿Sabes? A veces se me da por pensar en lo maravilloso que es la manera en la que uno, por cuales fueran los motivos, cambia o evoluciona y esos cambios son increíbles. Puede que algunas cosas no cambien, pero esas cosas son insignificantes.

Veo a tanta gente tan vacía por dentro que busca llenar eso de una forma tan banal y superficial que me da la risa. Tenemos que aprender a convivir con esos vacíos, pues no hay nada más gratificante que aprender a convivir con estos, te conoces mejor, comienzas a conocer tus límites, tus metas, lo que de verdad quieres, aprendes a escuchar (y a escucharte) y, cuando al fin encuentras con qué llenar ese vacío, todo se vuelve mucho más fácil y llevadero.

Pues va a ser que los vacíos no son tan malos, después de todo.

miércoles, 1 de julio de 2015

Musas.

Un escritor, siempre tiene una excusa para escribir. Será que soy una pésima escritora, pues últimamente me he quedado sin ideas. Mis musas me abandonaron diciéndome que o cambiaba los temas de los que estaba escribiendo o que no volverían jamás, que estaban cansadas de ver protagonistas débiles que solo sufrían por amor. Que cerdas que son mis musas. ¡Qué sabrán ellas! Ellas son una simple fuente de inspiración, en las que yo me apoyo cuando mi imaginación decide no hacerme caso. Y, sin embargo, eran ellas mismas las que escribían, las que tecleaban todas y cada una de mis historias. Aún no entiendo por qué decidieron abandonarme.

Pero como todas las relaciones, la mía con mis musas también acabó. Y como las echo de menos. Me hubiera gustado haber terminado de  otra forma, no sé, yendo a tomar un café o una cerveza, que me hubieran dicho: "no eres tú, somos nosotras, que hemos conocido a alguien más...", o que simplemente dijeran que ya se había "acabado la magia".

Malditas sean ellas, que me ilusionaron prometiendome que nunca se alejarían de mi, que siempre estarían a mi lado, que escribiríamos muchísimas historias con finales felices y que, aunque fueran mini-historias, todas y cada una de ellas iban a ser fantásticas.

Y así me hallo ahora, con un folio lleno de tachones, apuntes en los márgenes, palabras inconexas y una botella de bourbon al lado, preguntándome qué fue lo que hice mal, qué fue lo que hizo que esa conexión que teníamos se fuera haciendo cada día más débil y difusa.

Musas, si leéis esto, quiero que sepáis que he sido la persona más feliz del mundo a vuestro lado, que habéis hecho que abriera los ojos a otro mundo que desconocía, que juntas, hemos hecho un equipo increíble y que ojalá nunca os hubierais ido. Os echo tanto de menos... Volved.

miércoles, 17 de junio de 2015

Lay me down.

Hace algún tiempo atrás me han preguntado que qué es en lo que pienso. Y nunca se me había pasado por la cabeza utilizar esto para escribir sobre lo que pienso o sobre lo que se me pasa por la cabeza. Este blog siempre lo he utilizado como una forma de vomitar ideas. Echar todo lo asqueroso que tenía dentro de manera incomprensible y que yo sola me entendiera. La verdad es que no ha salido tan mal hasta el momento.

Pero no estaría mal utilizar algo como esto de terapia, por decirlo de alguna forma, y escribir sobre lo que pienso de todo lo que me pasa. Sobre todo cuando tengo líos en los que solo una persona como yo se podría meter. De todas formas, en realidad, ¿cómo soy?

Algunas personas dirían que estoy total e irrevocablemente loca. Otros dirían que soy un saco de mimos con piernas y brazos. Sin embargo, yo no creo que sea tan así, como "dirían". Creo que en realidad solo hay un "puñaíto" de personas que sí saben como soy. Soy cabezota, soy persistente, no me gusta perder, me ilusiono muy rápido con todo, me gusta reírme con todo, pero cuando hay que ponerse seria, soy la primera. Creo que, por más que lo niegue y blah blah blah, el amor existe, que está por ahí perdido, esperándome o buscándome (¿quién sabe?). Creo que llegará el momento en el que un príncipe llegue a decirme, "Hola, Eve, te estaba esperando" o ñoñadas así por el estilo. Soy ñoña. MUY ÑOÑA. Nunca he conocido persona más ñoña que yo. Me gustan las cartas, las cartas largas. Siempre veo el buzón de mi casa con la esperanza que me hayan escrito una carta o una postal. Soy una romántica perdida por un siglo en el que lo único que importa es follar, que está bien, pero, ¿dónde dejas el amor? El amor existe. Aunque no esté para todos permitido.

Miro el pasado que me precede y, oye, no me arrepiento de nada, al fin y al cabo, todo lo que he hecho (bien o mal) es lo que soy hoy y no creo que sea tan mala persona. Sin embargo, me gustaría poder sentirme un poco más útil, que no sea nada exterior lo que haga que se fijen en mi, si no algo más interior. Que sepan aceptarme tal y como soy, con mis defectos y mis virtudes, con mis pros y mis contras.

Pero tengo miedo. Un miedo atroz a que vuelva a pasar lo que me pasa siempre. Yep. Miedo a ilusionarme a lo tonto y luego, ¡PLAF! Un terrible golpe que tardará en curar. Tengo miedo a que se repita esa historia que hace aún muy poco tiempo ha pasado. Miedo a que me den el "oro y el moro" (como suele decirse) y que luego ni una cosa ni otra. Siempre digo yo no le tengo miedo a nada ni nunca miento. Todo el mundo miente y todo el mundo tiene miedo a algo. Yo miento diciendo que no tengo ningún miedo. Tengo miedo a ser olvidada (otra vez).

Como me gustaría que todo fuera diferente, estar en otra situación y en otro momento. O retroceder en el tiempo y pararlo, justo cuando fui feliz. Pero retroceder está mal, no se puede y no procede. Hacia delante, Eve, mira hacia adelante y que sea lo que tenga que ser. 

A L E A

I A C T A

E S T.

martes, 2 de junio de 2015

Idioteces y otras mierdas que se te pasan por la cabeza.

En un momento luz y de pronto niebla. Apenas me salen las palabras.

¿Qué se te pasa por la cabeza en estos momentos? Has de contestarte esta pregunta antes de seguir toda la parrafada que voy a soltar ahora. Pero, de verdad, párate a contestarte eso. ¿Ya lo has hecho? Bien, entonces podemos seguir...

Lo ves todo tan fácil, todo tan al alcance de tu mano... Me pregunto cuántas veces habrás obtenido todo lo que has querido tener, con qué facilidad lo has conseguido, de qué manera lo has tenido... Pero me acuerdo de tu sonrisa, de esa manera tan tuya de reírte y entonces todo se me hace más claro. Me hago la dura, sí, pero eres capaz de tirar abajo esa pose para ver lo más débil de mi y no sé cómo lo has hecho. 

Me has dicho más de una vez que tienes como una especie de don que hace que todo el mundo se sienta cómodo a tu lado, algo que al principio era muy escéptica para creerte, sin embargo ahora me doy cuenta de que tenías razón. Me has calado tanto, tanto... No entiendo como una persona es capaz de hacer algo así. Es más, creo que ni siquiera hace falta que te diga las cosas, ya las sabes. Lo sabes todo.

Estoy segura de que muchas veces quieres que diga las cosas que tú ya sabes con el fin de aumentar tu ego y de decir: "mira, otra más". Pero de pronto me sueltas palabras que ya me hace dudar sobre si es así o no. Oye, soy humana y suelo equivocarme y puede que no sea así y que lo que me dices sea verdad, pero siempre está esa duda, será así o no...

No lo sé, lo descubriré, si me lo permites, con el paso del tiempo. ¿Que si no he tenido tiempo ya para comprobarlo? Algún tiempo he tenido ya, pero no es lo mismo. Soy capaz de hacer cualquier cosa, cualquier cosa.

Otra noche más en vela, otra noche sin sueños.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Nuevo comienzo, otra vez.

Pues, sí, empezamos de nuevo. Vaya, empiezo de nuevo. Nueva vida, nueva ciudad. ¿Qué pasa? Pues lo que pasa es que marcho de esta hermosa ciudad. Dejo tantas cosas atrás... Amistades nuevas, viejas, incondicionales, recuerdos, canciones, amores, conocidos, enemigos... Dejo sobre todo demasiadas amistades detrás, es lo que más me apena, la verdad.

Dentro de menos de dos meses, todo va a cambiar. No me lo puedo creer. Dentro de dos meses voy a estar respirando un aire que no va a ser el mismo que aquí. Voy a sentir esa "morriña" que Rosalía de Castro describía en sus poesías. Voy a sentir pena al dejar atrás todas estas cosas. Pero, en el fondo, muy fondo, de mi ser, sé que va a ser lo mejor. Conoceré un nuevo lugar, me volveré a enamorar, supongo, en algún momento. ¿Encontraré mi príncipe azul allí? No lo sé, pero creo que estoy de camino a ello.

No sé si es por la mirada que tiene, o por esa risa contagiosa, o por su voz que enamora. La verdad es que pienso un rato en él y se me pasan todos los males. Este verano ha de ser inolvidable. Me imagino recorriendo las calles de la nueva ciudad, con mucho calor. Me imagino tumbada en la playa, algo que nunca pensé que iría a desear tanto, con una pamela y gafas de sol de diva. Supongo que me haré un nuevo cambio en el pelo. ¿Quizás sea la hora de volver a estar rubia? ¡Por Dios, no me puedo creer que esté pensando en ello, siquiera!

No me puedo creer que dentro de dos meses, menos incluso, todo vaya a cambiar. Tengo ganas de ese cambio. Tengo muchas promesas que me han de cumplir aún. Tengo ganas de que llegue ya la fecha en la que diga: "Adiós, Vigo"... aunque a veces, una lagrimilla se me aparezca rodando por mi cara y me haga pensar en lo mucho que voy a echar de menos esto. En lo mucho que voy a echar de menos a mi preciosa Carla, que sin sus duras, pero a la vez dulces palabras y consejos no podría seguir, porque me hacen sentirla como a una hermana mayor, de esas que se eligen, de esas que se te pegan a la piel y que te dejan una marcada de por vida en el corazón. A mi bonita Andrea, quien hizo que hoy por hoy sea casi "celtarra", ¿quién iba a decirme a mi que el fútbol me terminaría gustando? Y todo por su culpa. ¡Cómo echaré de menos sus crisis! ¿Y qué decir de mi diva divina de Paula? Años que nos conocemos, nos distanciamos y volvimos como antes, pero con mucha más fuerza. Mi diva Tita Blue, aunque no me pertenece, marco territorio. Cada una de ellas son una canción: son "Pirómana", son "Propuesta indecente" y son "Don´t call me white".

Echaré de menos hasta a mis enemigos, porque, ¿para qué vamos a mentirnos? Gracias a ellos me he hecho más fuerte y, también gracias a ellos, tengo mis ideas aún más claras.

Los recuerdos que tengo en esta ciudad son demasiados y no me daría una vida entera para contarlos: fiestas, conciertos, borracheras, cumpleaños, graduaciones, quedadas, peleas, reconciliaciones, paseos nocturnos, paseos por la tarde, paseos a la mañana, paseos bajo la lluvia. ¡Mi primer trabajo fuera de la cafetería de mi padre! Mis allegados... Oh, el clima de Galiza... Creo que también echaré de menos las lluvias de verano, que nos joden siempre. Y es que Galiza se ha convertido en mi segunda casa, mi segunda nacionalidad.

Cuando me vine para aquí, nunca pensé que me iría a adaptar tanto como me pasó. No entiendo qué es lo que tiene esta parte del país, que te enamora. Su historia, su lengua, su cultura, su ignorancia, sus abuelos que te cuentan su época de juventud, esa época que ya les queda lejana pero que escucho embelesada, porque me encanta escucharlos. Creo que es porque me he dejado el alma estudiando el porqué de esta sociedad que le terminé cogiendo cariño. Desde el minuto 0 que escuché el gallego por vez primera me enamoré de su acento, de su gramática y de su literatura.


Supongo que esto no es una despedida todo, sino un: "¡Hasta luego, mañana vuelvo!"

miércoles, 7 de enero de 2015

"Incendios de nieve".

Volvemos a la rutina, pero esta vez va a ser diferente.
"Maldita nieve de este largo enero, nos cubre el hielo en un silencio aterrador, mejor lo rompo yo."

martes, 6 de enero de 2015

"Te deslizas como si fueras de viento y al contacto con mis dedos te desvanecieras"

Tercera publicación en la que me acuerdo de ti.
No, no he sido capaz de cumplir lo que había prometido, lo que me había prometido.
Maldita seas, Eve, maldita seas.

domingo, 4 de enero de 2015

Estaba en lo cierto.

Pues, sí, estaba en lo cierto. ¿Tanto ha de costar cambiar de actitud? Deja de torturarme con tu mirada que quema. Que me quema. O no, no dejes de hacerlo. Creo que suelo sentirme bastante masoquista en estos momentos.
Si es que al fin y al cabo, tengo que dejar de tener tanta imaginación. En mi mente han pasado miles de posibles situaciones en las cuales vuelve a aparecer. Como un simple mensaje diciendo: "Baja, te estoy esperando en tu portal". O bajar a hacer una compra y que esté él esperándome, sentado en el banco que hay justo en frente a mi portal. Estupideces. ¿Saldré de esta?
¡Cómo será que ha calado en mi, que yo que nunca tengo sueños mientras duermo, anoche soñé con él! ¿Será cosa del destino? El destino no existe. El amor tampoco. Todas esas estúpidas escenas que aparecieron en mi cabeza, tampoco existen, ni existirán. Eso me pasa por tonta y por... ¿romántica? ¿Qué narices es el "romanticismo"? Hace siglos que nadie habla ya de ello. PORQUE TAMPOCO EXISTE.
Dado por hecho de que el amor no existe, ¿por qué sigo pensando en todo lo que me está pasando? No es justo. Ni para mi, ni para los que me rodean. Porque ya no hay las sonrisas de siempre, ya no hay el buen humor de siempre, ni hay palabras de aliento para nadie.
La verdad, es que creo que últimamente estoy más egoísta de lo normal. No pienso en los demás, solo pienso en mi bienestar. ¿Pero es que tampoco puedo por un momento pensar en mi? Es decir, normalmente suelo estar preocupada por todos los demás y mis problemas suelen quedarse a parte, pero es que desde hace una semana solo pienso en mi y los demás que se jodan. Yo no era así. Maldita sea. He de volver a ser la de antes. La que se levantaba temprano para hacer cualquier cosa, la que no se quedaba quieta, la que cuando salía por la noche bebía lo justo y no quedaba casi en coma etílico. Basta ya de ser así, Eve, esa no eres tú. 
Mañana va a ser otro día. Mañana me voy a levantar, con una sonrisa en la cara y con ganas de hacer todo lo posible con tal de volver a ayudar con cualquier cosa a cualquier persona. Dejaré de pensar en él y viviré mi vida. Porque él lo hace. Estaba con sus amigos, divirtiéndose, y yo lo miraba mientras se reía y mi alma se partía en millones de añicos. Se acabó. Pero esta vez, todo va a salir mejor. 
















Que pesimista estoy últimamente. Y yo que no era así.

viernes, 2 de enero de 2015

"Tan solo un Opencore abierto"

Maldita sea yo y mi maldita costumbre de hacerme ilusiones tan rápidamente como un rayo. ¿Por qué me pasan estas cosas? "Por fin", me dije, "por fin he encontrado eso que me faltaba, eso que parece que quiere ocupar el vacío enorme que hay en mi". Pero no, otra vez.
Por un momento volví a ser la de antes. Había vuelto a reír, había vuelto a escribir y había vuelto a creer que quizá sí había vuelto a aparecer eso en lo que ya nadie cree y yo creo que dejaré de creer. 
No tenía que haber hablado nunca con él. Era mejor cuando solo lo observaba a la distancia y me clavaba sus ojos en mi alma. Pasar por su lado, regalarle una sonrisa picarona y correr lejos de él roja como mi pintalabios carmín. Mirarlo y sonreír. Mirarme y ponerme roja. Eso era bonito. ¿Cómo será ahora? ¿Qué se supone que he de hacer en cuanto lo vea? Puede que no haga nada, me quede en mi sitio, mientras lo observo, que él esté con sus amigos y yo muriendo de pena por no poder siquiera volver a aquéllos tiempos.
Parece una locura o una obsesión, pero es que me gusta todo él. Sus ojos, sus manos, su dulce perfume, su pelo despeinado, sus labios, que besan y queman, las canciones que me cantaba, los poemas que escribió, ese cuadro que a nadie más que a él le gusta, porque todos le dicen que es horrible, y ese poema, que los demás le dicen que no tiene sentido, yo le encontré millones. Maldita seas, Evelyn, por tus estúpidas manías de enamorarte tan rápido. 
Que si es cierto que lo entiendo, me gustaría poder ayudarle o estar a su lado. Darle un abrazo, ir a dar otro paseo, que me vuelva a leer otro poema, que me cante y que me explique porqué ese cantante escribió esa canción, que me hable de las cosas que hace, que me cuente cuantas cosas le gustaría hacer...
Tengo tantas ganas de volverlo a ver... Pero no, ya sé yo que no va a ser así. Pasará el tiempo, nos veremos por ahí, pero no va a pasar nada. Como dos simples conocidos. Nada más. Creía que al fin había llegado mi oportunidad, que por fin había aparecido esa persona que no puedes quitártela de la cabeza, porque es imposible, porque sus ojos te miran, te observan y los tienes grabados a fuego en la memoria. PERO NO. No, no, no, no. No. Lo creía tan mío, creía que nunca, nunca se iría a escapar. Mío para siempre. Y ahora ni siquiera me pertenece cinco minutos.