Esta pregunta parece sacada de un post de Instagram, pero ahí va: ¿duele más que te rompa el corazón quien creías que era el amor de tu vida, o tu mejor amigx? Damn, girl, estás modo intensa máxima hoy. Allá vamos.
Quien bien me conoce, sabe que hace poco más de un año, quien creía que era el amor de mi vida, el que sería el padre de mis hijos perrunos (patética), quien me ayudó en mis peores momentos, pero quien también me hizo pasar infiernos dantescos, me rompió el corazón en millones de pedazos, haciéndome pensar que quizá era yo el error, la que no merecía ser feliz o ser amada. Y ahí estuvo mi mejor amiga, para apoyarme, para sacarme adelante, secarme las lágrimas, beber mucho vino, salir mucho de fiesta, hacerme reír también, dormir juntas y montar nuestra propia telenovela latinoamericana quemando las fotos que tenía de él en la cartera. Somos latinas, maldita sea, deja de juzgar nuestro dramatismo.
También estuve yo ahí cuando a ella le rompió el corazón y que a día de hoy sigo pensando que no me hubiera gustado nada haber pasado por el tormento que pasó ella. Si ya de por sí es una mujer que se ha enfrentado a miles de fantasmas, que es una mujer que admiro por su fuerza y su independencia, el dolor que le causó ese ser (por llamarlo de alguna manera, que ni “ser” se le puede llamar), fue tan jodidamente fuerte, que fue la gota que colmó el vaso para ella y para todo lo que se terminaría desarrollando más tarde.
Y se fue. Se fue y la apoyé a que se fuera, a que despejara, a que cambiara de aires, que intentara buscar de alguna manera su esencia otra vez, que se rencontrara otra vez con los suyos, con sus raíces y que se volviera a sentir querida. Y vivió infiernos, Dios sabe que vivió infiernos. Las cosas se iban poniendo más turbias estando allí (psicólogos, pruebas médicas…), pero lo superó todo, porque como escribí ahí arriba, es una mujer fuerte y todo lo que se interpone en el medio, lo supera. Y se volvió a ir, a otro país, a otro continente y al parecer ahí encontró la paz que tanto estaba buscando.
Sin embargo, me prometió que iba a volver, que volvería a casa con más fuerza que nunca y renovada, que era por eso por lo que se iba, para poder volver renovada. Le creí y lo que iba a ser un mes, se terminaron convirtiendo en dos, esos dos meses pasaron a ser otros tres. Hasta que llegó el día que dijo lo que yo ya sabía que iba a pasar, el día en que dijo que estaba bien allí y se quedaría de manera indefinida. Estúpida yo por confiar en que sí iba a volver, porque lo había prometido. Que sería sólo hasta que su corazón estuviera sanado.
Nunca se me dieron bien las relaciones a distancia. Por más unida que esté de una persona, en el momento en que ésta decide marchar, me hace sentir que me abandona y así acabo la relación. Quizá es demasiado egoísta por mi parte, caprichoso, llámalo como quieras, pero ya me abandonaron una vez y ese sentimiento no me gusta. Como no me gusta, prefiero cortar de raíz, por más que me prometan que van a estar ahí siempre, aunque estén lejos. Siempre se termina perdiendo eso.
Aunque el amor, la admiración y ese sentimiento que va más allá de todo lo que se pueda llegar a explicar con mundanas palabras siempre va a estar ahí, hay cosas que no van a cambiar nunca.
Y con este cierre de publicación, me reafirmo en la frase de que duele terriblemente más perder a tu mejor amiga, que al amor de tu vida.