Con el paso del tiempo me voy dando cuenta de lo mucho que me cuesta comenzar a escribir. Por muchas ganas que tenga, por muchas emociones que necesite expresar, me quedo en blanco cada vez que me enfrento a una página en blanco o a una nueva entrada vacía.
Digamos que me cuesta muchísimo esfuerzo enfrentarme a cosas nuevas. Me genera ansiedad escribir y cagarla. Luego, le vuelvo a dar otra vuelta a la tuerca, y me recuerdo por enésima vez que es mi espacio personal, algo que he abierto para mi, por mi, como una especie de autoregalo para ordenar mis ideas y dejarme llevar por mis emociones, aunque vayan a unos niveles de intensidad insoportables. Hay gente que descarga su intensidad entrenando, otros creando música. Y aquí, esta señora, descarga su intensidad sintiéndose una mediocre escritora.
Es gracioso que siempre caiga en la misma premisa, para tener una excusa por dónde empezar. Es gracioso, porque es cierto.
Y hablando de caer siempre en lo mismo, ¿alguna vez has tenido la sensación de que fantasmas del pasado vienen a decirte “hola”? No de verdad, si no de manera figurada: encuentras fotografías que aún no has borrado, por despiste o porque simplemente es un recuerdo de algo que pasó y que fue bonito/importante para ti; caminas por la calle menos transitada y te encuentras el coche aparcado (y sabes que es ese coche porque te has aprendido la matrícula de memoria); caminas por ciertos lugares y se te aparece tu fantasma diciéndote “eh, que por aquí pasamos muchas horas; amigos en común te cuentan cosas que a ti ya no te importan, o te vienen recuerdos que se los comentas a terceras personas simplemente para quitarte un peso de encima.
Me pongo a hacer un balance de todas estas cosas a medida que pienso también en el presente que estoy viviendo y es que no hay punto de comparación. Las comparaciones están feas, sí, pero todos pecamos en hacerlo alguna vez, quien diga que no, miente.
Al final, es cierto que siempre acabo haciendo lo mismo, por no hablar, por no decir, caigo en una espiral de dudas y de pensamientos que no tengo ninguna necesidad de caer, al fin y al cabo, todo lo que me rodea es sano y bueno. Me pregunto qué necesidad de autoboicotearme tengo.
Supongo que también es la suma de mi dependencia emocional, de traumas del pasado y, oh, Dios mío, estoy enferma. No se cómo pretendo tener una vida “normal” si la que tiene todos estos problemas soy yo.
No sé hasta qué punto es sano y justo hacerle pasar estos desequilibrios a una persona que mentalmente es sana. ¿Qué necesidad tendrá este ser de pasar por todo esto? Quiero decir, se merece a una persona sana, como él. No una desequilibrada. Una persona con una madurez emocional, cosa de la que me he dado cuenta estos días que carezco.
Pero es que tampoco quiero perder la oportunidad de crear algo que desde el principio es bonito, porque parece que todo estaba escrito para que fuera así. ¿Quién me iba a decir a mi que iba a encontrar a alguien así, de la noche a la mañana? A veces siento que la que está montada en una montaña rusa de emociones soy yo sola, porque me monto mis propios dramas en mi propia cabeza.
Di tú que por lo menos, aparento ser una persona sana. Ja.
*Nota: creo que es hora de que vuelvas a terapia.