lunes, 20 de diciembre de 2021

Relaciones.

    Esta pregunta parece sacada de un post de Instagram, pero ahí va: ¿duele más que te rompa el corazón quien creías que era el amor de tu vida, o tu mejor amigx? Damn, girl, estás modo intensa máxima hoy. Allá vamos.
    Quien bien me conoce, sabe que hace poco más de un año, quien creía que era el amor de mi vida, el que sería el padre de mis hijos perrunos (patética), quien me ayudó en mis peores momentos, pero quien también me hizo pasar infiernos dantescos, me rompió el corazón en millones de pedazos, haciéndome pensar que quizá era yo el error, la que no merecía ser feliz o ser amada. Y ahí estuvo mi mejor amiga, para apoyarme, para sacarme adelante, secarme las lágrimas, beber mucho vino, salir mucho de fiesta, hacerme reír también, dormir juntas y montar nuestra propia telenovela latinoamericana quemando las fotos que tenía de él en la cartera. Somos latinas, maldita sea, deja de juzgar nuestro dramatismo.
    También estuve yo ahí cuando a ella le rompió el corazón y que a día de hoy sigo pensando que no me hubiera gustado nada haber pasado por el tormento que pasó ella. Si ya de por sí es una mujer que se ha enfrentado a miles de fantasmas, que es una mujer que admiro por su fuerza y su independencia, el dolor que le causó ese ser (por llamarlo de alguna manera, que ni “ser” se le puede llamar), fue tan jodidamente fuerte, que fue la gota que colmó el vaso para ella y para todo lo que se terminaría desarrollando más tarde.
    Y se fue. Se fue y la apoyé a que se fuera, a que despejara, a que cambiara de aires, que intentara buscar de alguna manera su esencia otra vez, que se rencontrara otra vez con los suyos, con sus raíces y que se volviera a sentir querida. Y vivió infiernos, Dios sabe que vivió infiernos. Las cosas se iban poniendo más turbias estando allí (psicólogos, pruebas médicas…), pero lo superó todo, porque como escribí ahí arriba, es una mujer fuerte y todo lo que se interpone en el medio, lo supera. Y se volvió a ir, a otro país, a otro continente y al parecer ahí encontró la paz que tanto estaba buscando. 
    Sin embargo, me prometió que iba a volver, que volvería a casa con más fuerza que nunca y renovada, que era por eso por lo que se iba, para poder volver renovada. Le creí y lo que iba a ser un mes, se terminaron convirtiendo en dos, esos dos meses pasaron a ser otros tres. Hasta que llegó el día que dijo lo que yo ya sabía que iba a pasar, el día en que dijo que estaba bien allí y se quedaría de manera indefinida. Estúpida yo por confiar en que sí iba a volver, porque lo había prometido. Que sería sólo hasta que su corazón estuviera sanado. 
    Nunca se me dieron bien las relaciones a distancia. Por más unida que esté de una persona, en el momento en que ésta decide marchar, me hace sentir que me abandona y así acabo la relación. Quizá es demasiado egoísta por mi parte, caprichoso, llámalo como quieras, pero ya me abandonaron una vez y ese sentimiento no me gusta. Como no me gusta, prefiero cortar de raíz, por más que me prometan que van a estar ahí siempre, aunque estén lejos. Siempre se termina perdiendo eso. 
    Aunque el amor, la admiración y ese sentimiento que va más allá de todo lo que se pueda llegar a explicar con mundanas palabras siempre va a estar ahí, hay cosas que no van a cambiar nunca.
    Y con este cierre de publicación, me reafirmo en la frase de que duele terriblemente más perder a tu mejor amiga, que al amor de tu vida. 

jueves, 11 de noviembre de 2021

He ganado la lotería.

 Y rezo todos los días para que esto dure para siempre, y eso que yo no soy creyente. ¿Cómo puedo explicar este sentimiento tan grande que me recorre el cuerpo cada día que me despierto y veo que está ahí? ¿Cómo narices voy a poder explicar algo tan grande que me invade el corazón cada vez que me atrapa en sus brazos? No puedo explicarlo.

Cada día que paso a su lado es como una bendición y parece que he ganado la lotería y que es la suerte de mi vida. Ni siquiera soy capaz de reconocerme cuando hablo de todo esto.

Me siento fascinada cada vez que me habla de sus pasiones, admiro cada vez que me habla de su trabajo y me siento plenamente orgullosa cada vez que escucho cosas de su proyecto personal. Me hace creer que el mundo no es tan cruel y que aún existen personas reales y buenas. 

En un par de meses me hizo sentir todo esto. Ojalá sea así siempre, que la vida siga sonriendo de esta manera.

sábado, 14 de agosto de 2021

Algo random, para variar.

     Siempre me pasa igual: siento las terribles ganas de escribir y me encuentro con este espacio vacío y no sé qué poner. Se me vienen treinta y cinco mil cosas a la cabeza y nunca sé cómo gestionarlas para que quede coherente y tenga algo de sentido. Después lo pienso un poco detenidamente y me digo: "chica, si este es tu blog, lo escribes para ti, ¿Qué necesidad tienes de que sea coherente?". Pues es verdad, Eve, no tienes ninguna necesidad de que sea coherente, mientras te entiendas tú, lo demás es innecesario.

    Una parte de mi (esa que le encanta tener el control de todas las situaciones que le pasan alrededor) le encantaría tener una bola de cristal y poder ver qué es lo que viene después de todo esto, pero hay otra parte que prefiere dejarlo así, sin saber y disfrutar de estos momentos que son de felicidad máxima, que todo está bien. También me encantaría tener un mando que me deje revivir momentos de este último mes y detenerlos ahí, pero eso no sería avanzar y todos queremos avanzar en nuestras vidas, ¿verdad?

    Puede que lo que ponga a continuación pueda ser un poco precipitado (¿? es que realmente no sé cómo definir lo que voy a escribir ahora y llevo igual veinte minutos pensando en esa palabra) pero es que creo que hacía mucho tiempo que no me sentía tan plenamente feliz y en paz conmigo misma. Esas terribles alteraciones en mi (que, créeme, eran vertiginosas) ya no pasan y eso está bien. Me hace sentir bien y que todo es más fácil. No tengo la imperiosa necesidad de estar justificando u ocultando lo que siento, porque todo es más fácil. Tampoco siento la necesidad de explicar nada, porque siento que todo se entiende a la perfección. Y en el fondo, eso me da un pelín de miedo. Miedo en el sentido de que si esta vez sale mal, me dolería más que cualquier otra cosa.

    No me malinterpretes, no intento con estas últimas palabras hacer a nadie cargo de mis problemas futuros o traumas pasados, es que simplemente, quizá, sea un miedo atroz a perder lo que creo tener ahora. Algo sano y bonito, algo que va creciendo día tras día, sin prisa pero sin pausa. Me hace tan bien... me hace bien creer que igual no todo el mundo es tan cruel y egoísta. Me hace volver a tener confianza en que sí puede existir personas reales con cero intención de causar dolor. 

    Y yo venía aquí para escribir que quizá la vida no es tan perra como creía que era, que las cosas llegan en los momentos en los que menos te esperas y todo vuelve a estar bien, que los problemas del pasado, dejaron de ser problemas para ser anécdotas (un poco macabras, quizá) de las que me puedo reír a carcajadas ahora, que eso ya no forma parte de tu vida y que todo continúa, que nadie es indispensable para la vida de nadie y que todo llega en su momento indicado, por casualidades de la vida o porque quizá estaba escrito así, que no hay mal que por bien no venga y que no todos los dramas son tan dramáticos. 

    Que vuelvo a brindar una vez más por todo lo bueno y lo malo que he vivido, que las experiencias, por muy malas que hayan sido, me han servido de aprendizaje.

    Recuérdalo siempre, querida, todo pasa por algo.

miércoles, 24 de marzo de 2021

David.

 Querido David:

Mi pequeño niño, ya estás aquí y no me lo puedo creer. Sin querer, me han hecho el regalo más grande y en mi corazón no cabe más felicidad.

Vas a ir creciendo y vas a ir descubriendo un mundo entero de experiencias y que siempre, siempre, vas a tener mi mano para cogerla y acompañarte allá donde decidas ir. 

No puedo prometerte que va a ser un camino fácil ni mucho menos, pero puedes estar seguro de que todos los que te van a rodear te van a llenar de amor. 

Vamos a compartir un sinfín de momentos y no veo la hora de tenerte ya en mis brazos, de mimarte y de consentirte. Llevarte al parque, al cole, enseñarte todo lo que sé e intentar aprender contigo lo que todavía no sabemos ambos, al final, estoy segura de que me vas a enseñar más de lo que podrás aprender de mi.

No me puedo creer que estés ya y que seas la cosita más bonita que he visto jamás. En mi vida imaginé que querría a alguien tanto como ya te quiero a ti. Nunca se me pasó por la cabeza que iba a tener el amor de mi vida y ya has llegado para cambiarlo todo y dejarlo todo patas arriba. 

Ya no cabe más amor para nadie que no seas tú, mi pequeño David.

Te querré por siempre, siempre. 

Tía Eve.

viernes, 19 de marzo de 2021

Swear to God.

Siempre que escribo en este espacio, utilizo la alineación de los párrafos con justificación, y me acabo de dar cuenta de ello ahora mismo cuando entré a revisar cómo iban las visitas de mis posts anteriores. Me hizo pensar en esa palabra. Justificación.

He vivido prácticamente toda mi vida dando justificaciones de mis actos, culpando muchas veces a terceras personas por mi forma de actuar, por lo que decía... Algo muy propio de la raza humana. Echar las culpas a los demás. ¿Qué sentido tiene eso? Quiero decir, se supone que tenemos que hacernos cargo de nuestros actos, de nuestra forma de ser, la forma en la que enfrentamos la vida, al fin y al cabo, es algo que decidimos por motu proprio. (Qué intelectual y filosófica se pone ella a veces, ¿eh?)

Y hay veces en las que ni siquiera sé qué decir. Hay ocasiones en las que ni siquiera sé cómo expresar todo lo que tengo dentro y no sé si hago lo correcto actuando con el silencio. Digamos que muchas veces simplemente decido callar para evitar o para eludir situaciones incómodas. Pasa el tiempo y creo que el correr de él va a hacer que apacigüen las aguas. Pero no es verdad. Cobardía, dirían algunos. Otros, sin embargo, supervivencia.

Igual no me hizo pensar mucho esa palabra. Igual sólo fue una excusa para escribir y ahora no sé cómo acabar este texto.

Quizá sea hora de dormir.

domingo, 14 de marzo de 2021

 Y alguien me dijo una vez, hace muchos años:


"Las dos cosas más fuertes que marcarán tu vida y tu felicidad serán las experiencias y el amor".


Y yo todavía me sigo preguntando hasta qué punto es cierto eso.

domingo, 21 de febrero de 2021

 ¿Qué engaño más grande puede ser aquel que no queremos ver? ¿Cómo somos tan capaces de saber que tenemos la venda en los ojos y no quitárnosla? 


El gran miedo de enfrentarnos a esta vida sin algodones. El miedo de aceptar que estamos solos y que nadie más que nosotros mismos tendremos que enfrentarnos al golpe más duro. 


Que injusto es cuando no es tu culpa.

domingo, 3 de enero de 2021

2021.

 ¿Sabes esa sensación de tener el corazón en un puño? ¿Esa angustia constante de no saber si estás haciendo las cosas correctamente o si estás cometiendo el error más grande de tu vida? La última vez que sentí todo esto, fue hace seis años, dejando ir a la mejor persona del mundo por inseguridad, por no arriesgar con eso de ¿y qué si al final es distinto? Pero la Eve del 2015 era una persona que quería tener estabilidad, que quería que la persona que estuviese a su lado, fuera de manera incondicional y, a día de hoy, maldigo a esa Eve.

Ahora miro las fotos de entonces, esos paseos por la playa o por el monte, las películas en V.O. que veíamos juntos, con mi cabeza apoyada en sus piernas mientras me acariciaba la cabeza, las veces que le hacía de copiloto mientras ponía las mejores canciones, apoyarle a la distancia cada vez que tenía partidos fuera de aquí, la de veces que ha intentado explicarme las reglas de su deporte y quedarme embobada mirándole... La de veces que habré soñado con estar con él y de pronto se había hecho realidad...

Todos esos recuerdos se me vienen ahora como una ráfaga de fotografías y vídeos y me pone melancólica. Pienso en todo ello y me arrepiento tanto, tanto, duele tan dentro que es casi insoportable. Lo hice tan mal, le hice tanto daño que ni siquiera sé como a día de hoy me sigue hablando. Creo que si pudiera dar marcha atrás, si tuviera una máquina del tiempo, lo habría apostado todo por él, por más que me hubiera dado la libertad de decidir irme, porque en el fondo, muy fondo, en realidad, nunca quise irme.

Pero le veo tan feliz, con su vida tan organizada, que hasta me da envidia, porque ella podría ser yo, podría ser yo la que se despertase todos los días a su lado, verle dormir, dormirme apoyada en su pecho, preparar café juntos, hacer que cada día fuera diferente, apoyarnos mutuamente en todos nuestros proyectos, irnos de viaje por todo el mundo, ir a Canadá y que me enseñase todos los sitios que él ya ha visto. No le puedo pedir que deje todo y se venga conmigo. No sería justo, ¿no? Aunque las ganas me puedan, aunque me tenga que morder la lengua cada vez que estoy con él para no decirle todo lo que siento, todo lo que se me pasa por la cabeza.

Escucho canciones que me recuerdan a él y me da una punzada en el corazón. Guardo la entrada del último concierto que fuimos juntos como si fuera oro. Me hablan de él y se me pone una sonrisa triste en la cara, paso por delante de la puerta de su casa y siempre me quedo mirando con la esperanza de que, algún día, nos encontremos.

Cada una de las doce uvas que tomé con las campanadas de fin de año, las tomé pensando en que quiero un 2021 con él. Sólo necesito un golpe de suerte.