martes, 27 de octubre de 2020

Creo que no existe peor manera de que te abran los ojos, como lo hicieron hoy conmigo.

Cuando creía que no podían ir de peor manera las cosas, llegan esas palabras que te dejan... más anonadada de lo que podrías estar. Al fin y al cabo, ese dicho de "nunca conocerás del todo a una persona" se convierten en la más pura realidad. Y cómo duele.

Hoy he descubierto que el remedio es peor que la enfermedad, que a veces vivimos más felices o tranquilos en la más estúpida ignorancia, porque la realidad duele. Duele más de lo que creía. Duele tanto que te digan que se han reído de ti durante cinco largos años... 

Y le creí en todo lo que me dijo. Le creí hasta en el más mínimo detalle al contarme la historia, le creí cuando me dijo que era la única, que no había(n) otra(s) persona(s), le creí cuando decía que jamás había visto a esa persona y que no la conocía de nada. Si es que soy patética. 

Tengo tanta rabia en el cuerpo... Aunque no estoy segura de que sea rabia, no estoy segura de si es decepción, no sé si es dolor, no sé si es cabreo (conmigo misma por no abrir los ojos antes), no sé, no sé qué es lo que siento... Pero de lo que sí estoy segura es que tengo un vacío tan grande en mi pecho, que es casi infinito. 

Ahora entiendo todo. Ahora entiendo cómo sabía tanto de mi y de mi alrededor. Ahora me caen las fichas, ahora lo veo claro.

Lo peor de toda esta situación es cómo me va a cambiar todo esto. Dejaré de confiar dejaré de creer en todas las palabras que me digan y le buscaré un trasfondo a todo. Y nunca fui así.

Quizá ella no estaba tan loca como creía. Que no justifica todo lo que hizo y el calvario que me hizo pasar. Pero quizá no estaba tan errada. 

miércoles, 21 de octubre de 2020

25.

Aún no es el día, pero me apetecía hacerlo hoy, no sé porqué pero tengo la necesidad de escribir sobre este tema.

Hace un par de años (cinco para ser exactos) escribí sobre cómo me sentía el día que cumplí los veinte años. Estaba terminando segundo de bachiller (tarde, lo sé, pero es que me lo tomé con mucha calma) y tenía -o pensaba que tenía- la vida solucionada: trabajo estable, ya me había ido de casa de mis padres, un grupo de amigos fantástico (que a día de hoy solo quedan en el recuerdo), mi familia estaba unida en cierta medida, una pareja que, bueno, decía que me quería... Sin embargo, me acuerdo que fue el cumpleaños más solitario del mundo, ya que estuve completamente sola. 

A día de hoy, veo hacia atrás y, por más que he perdido muchas cosas, creo que he ganado. Le he ganado en estos cinco años a muchas batallas que tenía pendientes, dejé todo el rencor a un lado y me he convertido en una chica más dura de lo que era antes, más independiente, más real, pero sobre todas las cosas, más mía.

Aprendí que no todo dura para siempre, que hoy están y mañana desaparecen, que si me caigo, solo yo voy a ser capaz de levantarme, aunque me cueste la vida entera. Que yo sola soy capaz de salir de las peores situaciones. Aprendí lo que realmente significa la palabra "amistad", de esas que están en las duras y en las maduras. Aprendí que no necesito de absolutamente nadie para ser feliz, que la felicidad me la brindo yo misma. Aprendí también a perdonar y a perdonarme. Aprendí lo que es el dolor de la muerte de un amigo. También aprendí a que soy capaz de hacer mil horas y hacerme un tiempo para los míos, que la vida son dos días y que no tengo que amargarme por tonterías.

He ganado.

He ganado experiencias que en mi vida creí que las iba a vivir. He ganado a un nuevo grupo de amigos que son como una pequeña familia, he ganado una sobrina que llegará en un par de meses de la persona que menos me imaginé que sería parte de mi familia. He ganado a mi batalla interior sobre mis fantasmas del pasado, que era una carga que pensé que jamás me quitaría de encima.

He perdido.

Perdí unas cuantas cosas por el camino también, muchas que me dolieron y me dolerán el resto de mi vida, muchas de ellas irreversibles.  He perdido gente que jamás pensé que perdería, pero no puedo negar que muchas de esas personas están mejor fuera de mi vida que perteneciendo a ellas. Perdí al que creía que era el amor de mi vida.

Pero, míralo bien, ¿ves como he ganado? Lo bueno pesa mucho, muchísimo más que lo malo. Por fin veo que todos los esfuerzos y sacrificios están dando su fruto, que soy feliz y que tengo paz en mí. ¿Qué más puedo pedir? Llevo una vida buena, la carrera va viento en popa y todo lo que me rodea me hace bien y feliz. Al fin me estoy focalizando en mis objetivos y tengo claro lo que realmente quiero para el futuro en mi vida.

Hace unos días un amigo me dijo: "este año se suponía que iba a ser mi año y, mira, Coronavirus, nos han confinado, lo he dejado completamente con mi novia y solo quedan dos meses para que acabe, pero, ¿sabes qué? Confío en que algo bueno llegará". Me encantaría que fuese verdad, que en estos dos meses que quedan de años, tengamos un golpe de suerte y algo cambie.

No sé qué será lo que me depare de aquí a cinco años, pero espero que sea mucho mejor de lo que están siendo el comienzo de estos 25. Y, como todos los años, soplaré una vela pidiendo un solo deseo.

miércoles, 26 de agosto de 2020

Se acabó.

Y sí, se terminó.
Esta vez, de verdad. Ya no estás, ya no tengo mensajes de buenos días, ni memes de corgis, ni canciones, ni vídeos ni fotos. Se acabó. Lo peor de todo esto es que estoy en paz, porque sé que no he hecho nada mal ni nada malo como para estar preocupada. Sé que he hecho las cosas bien, por una vez en mi vida.
Lo que no estoy segura de si él sí ha hecho las cosas bien o no. Creo que fue eso lo que nos ha matado a los dos, la desconfianza de uno y del otro. Me hago cargo de mis errores y mis fallos, pero jamás le mentí. No estoy segura de que él pueda decir lo mismo.
¿Soy dura? Quizá. Pero era lo mejor. De vez en cuando flaqueo un poco y pienso en escribirle, saber como está, pienso en lo mucho que le he querido y lo que me encantaría tenerle a mi lado, aunque sea como amigo... Después lo pienso mejor y creo que eso solo nos haría más daño a los dos. Y lo vuelvo a pensar mejor y recuerdo las conversaciones que tuve con su hermana y su madre y ya me llega de sobra para pensar que sí, que es mejor así, que está bien y que no me echa de menos. Que su vida sigue y que ya no tiene mi peso encima de él. Quizá ahora encuentre a alguien que sí le comprenda y que sí le haga feliz, que le brinde todo lo que demanda y que tengan los mismos objetivos.
Aunque no pueda evitarlo, siempre te querré, con todo mi corazón y ni te imaginas lo mucho que duele no saber de ti.
2020, estás siendo un año de mierda.

jueves, 6 de agosto de 2020

Hasta la próxima, amigo.

    Mira que me pasé horas hablando contigo... Ahora mismo no sé qué es lo que siento. No estoy segura si lo que siento es rabia, tristeza, paz porque sé que ahora mismo ya no sientes dolor... No estoy segura de nada. Todavía no me creo que no estés aquí, con nosotros. Miro al frente, al banco donde te sentabas siempre que te agobiaba estar allí y ya no estás. Miro en la banqueta donde te tomabas el café y ya no estás sentado. Llegué hoy al bar y no estabas esperando a que te hiciera el café. No me puedo creer que ya no estés aquí, con nosotros, con tu hija y con tu mujer. Dueles mucho, amigo.
    Poco necesité para saber que en ti sí podía confiar, que sí podía hablar, en cogerte cariño y respeto, pero sobre todo, cariño. Echaré tanto de menos pasarme las tardes hablando contigo, que me hables de lo preciosa que es Daniela, de tus broncas con los chavales, así como de todas las cosas que me contabas. Eres enorme, David, enorme, un corazón que no te cabía en el pecho, por eso no entiendo porqué hiciste lo que hiciste, qué necesidad tenías. 
    Me imagino que estarás allá arriba riéndote de todos nosotros y diciendo "¡qué cojones! ¿No dije yo que quería una fiesta cuando me muriese?". No me puedo creer que esté escribiendo sobre esto. ¿Te das cuenta de lo que has conseguido? Has conseguido que vuelva a escribir. Hubiese preferido que fuese sobre otra cosa, no una carta de despedida. No sé como voy a hacer mañana para enfrentarme a ese ataúd contigo, verte ahí, inerte, frío.
    Me repito, pero es que no me puedo creer que anoche fue la última vez que te vi, que te dije "Chao, David, cuídate"... Si ayer me estabas echando la bronca porque no tenía Cola light, que ya te habías decidido después de dos horas pensando y después me volviste a echar la bronca porque no tenía limón para echarte en la Cola normal que te terminaste tomando... Cuando me dijiste que te ibas a casa a llevar la sudadera, porque era muy cerrada y te molestaba los tubos, que volvías ahora y te dije que allí estaría, esperándote.  
    Has dejado un vacío enorme, tío. Te echaremos muchísimo de menos.

viernes, 8 de mayo de 2020

Me entró en el cuerpo una sensación que ya hacía mucho tiempo que no sentía. Se me cerró el corazón y se me cerraron también los pulmones. Por un momento, los alvéolos dejaron de funcionar, no se contraían, lo veía claro. Otra vez. Otra vez se me cortaba la respiración, me faltaba el aire, la sensación de hormigueo en la palma de las manos y de los pies, el pánico que me estremece hasta la última célula de mi cuerpo, esa sensación de que de un momento a otro, cerraré los ojos y no los volveré a abrir. Pero no, esa agonía continúa, y continúa, y continúa, hasta que sin saber muy bien cómo, para. La respiración se calma, vuelve a la normalidad, la cabeza deja de dar vueltas y la sensación de que me muero, ya no está. Parece que pasa una eternidad, pero en realidad no han sido más de cinco minutos. Lo que es el cerebro, ¿verdad?
Sin saber muy bien porqué, cómo, cuál es la causa de que todo esto pase, me pongo a razonar. La situación quizá no es la más idónea, quizá es el encierro forzoso al que estamos sometidos, quizá es la incertidumbre de qué será lo que pasará mañana, quizá es la falta de interacción social con mi gente del día a día, quizá es la sobre carga de darle a la cabeza vueltas y vueltas con pensamientos que no deberían, recuerdos de otras personas, recuerdos que por más que quiera, no se van. Ni se irán.
Siempre he creído que llorar era lo más sano que cualquier ser humano puede hacer por uno mismo. Llorar te libera tensiones, malos pensamientos, presión, estrés... Pero cuando no lo puedes controlar, cuando el llanto se apodera de ti, deja de ser sano para convertirse en tu propio infierno, porque te juro que esa sensación es un infierno. No poder gestionar por ti mismo tus emociones, no ser siquiera capaz de controlar algo tan común como tu propia respiración, teniendo las ventanas abiertas de par en par, sentir el aire en la cara pero no sentir que te llega a los pulmones, me permitirás decirte que (aunque es obvio que nunca he estado en el Infierno) se asemeja demasiado a ese lugar.