Maldita sea yo y mi maldita costumbre de hacerme ilusiones tan rápidamente como un rayo. ¿Por qué me pasan estas cosas? "Por fin", me dije, "por fin he encontrado eso que me faltaba, eso que parece que quiere ocupar el vacío enorme que hay en mi". Pero no, otra vez.
Por un momento volví a ser la de antes. Había vuelto a reír, había vuelto a escribir y había vuelto a creer que quizá sí había vuelto a aparecer eso en lo que ya nadie cree y yo creo que dejaré de creer.
No tenía que haber hablado nunca con él. Era mejor cuando solo lo observaba a la distancia y me clavaba sus ojos en mi alma. Pasar por su lado, regalarle una sonrisa picarona y correr lejos de él roja como mi pintalabios carmín. Mirarlo y sonreír. Mirarme y ponerme roja. Eso era bonito. ¿Cómo será ahora? ¿Qué se supone que he de hacer en cuanto lo vea? Puede que no haga nada, me quede en mi sitio, mientras lo observo, que él esté con sus amigos y yo muriendo de pena por no poder siquiera volver a aquéllos tiempos.
Parece una locura o una obsesión, pero es que me gusta todo él. Sus ojos, sus manos, su dulce perfume, su pelo despeinado, sus labios, que besan y queman, las canciones que me cantaba, los poemas que escribió, ese cuadro que a nadie más que a él le gusta, porque todos le dicen que es horrible, y ese poema, que los demás le dicen que no tiene sentido, yo le encontré millones. Maldita seas, Evelyn, por tus estúpidas manías de enamorarte tan rápido.
Que si es cierto que lo entiendo, me gustaría poder ayudarle o estar a su lado. Darle un abrazo, ir a dar otro paseo, que me vuelva a leer otro poema, que me cante y que me explique porqué ese cantante escribió esa canción, que me hable de las cosas que hace, que me cuente cuantas cosas le gustaría hacer...
Tengo tantas ganas de volverlo a ver... Pero no, ya sé yo que no va a ser así. Pasará el tiempo, nos veremos por ahí, pero no va a pasar nada. Como dos simples conocidos. Nada más. Creía que al fin había llegado mi oportunidad, que por fin había aparecido esa persona que no puedes quitártela de la cabeza, porque es imposible, porque sus ojos te miran, te observan y los tienes grabados a fuego en la memoria. PERO NO. No, no, no, no. No. Lo creía tan mío, creía que nunca, nunca se iría a escapar. Mío para siempre. Y ahora ni siquiera me pertenece cinco minutos.