miércoles, 8 de enero de 2014

Primer contacto conmigo misma.

Supongo que todo está bien, hasta que comienzas a conocerte o, mejor dicho, a empezar a verte con los ojos con los que te tendías que haber visto desde siempre. ¿Quién eres y qué es lo que quieres? Jodidas preguntas para contestar si es que no tienes idea de quién eres ni de lo que quieres en realidad. Algunos dirán que es una chorrada, pero, seguramente nunca se habrán parado frente al espejo y se habrán hecho esas preguntas.
En fin, chorradas.
¿Quién eres? ¿A dónde vamos? ¿De dónde venimos? ¿Por qué existimos? Preguntas chorras que, al fin y al cabo, se pueden contestar de la misma forma con la que las caracterizamos. Esa maldita ironía de las cosas en las que uno, un poco tocado de la cabeza o, simplemente, "raro", no puede parar y a la vez le resulta de lo más estúpido.
Desaparecer. Eso estaría bien. Desaparecer por un largo tiempo. Que nadie supiera de ti, que nadie se preguntara: "eh, ¿dónde (qué, en su defecto) estará (haciendo) ahora?". Estaría bien. Pero, a veces, es imposible rehuir de ciertas cosas. Yo qué sé. Ir por ahí, muy lejos, sin nadie. Solo tú y tu mente desconectando de todo, olvidándose de todo, incluso de que existe el mundo. Simplemente para poder conectar más contigo mismo. Poder vivir con tus pensamientos. Y, sin querer darnos cuenta, lo hacemos todos los días, en cualquier momento y en cualquier lugar. Es así.
Insegura. Así me encuentro muchas veces. Ahora más que nunca. Lo que más me fastidia es que no me debería de sentir así, al fin y al cabo, confío plenamente en lo que me prometen. Lo más seguro es que sea por el simple hecho de que nunca estuve segura de mi misma. Siempre quise ser mejor que los demás, por más que me costara. ¿Qué puedo decir? Siempre intento exigirme más de lo que a veces puedo dar. ¿Fallo mío? Quizás sí. Por eso muchas veces fracaso y no soy capaz de seguir adelante por ello. O quizá sea tan insegura por eso mismo, por fracasar tantas veces a tantísimas personas. ¿Qué puedo hacer? Soy así, al fin y al cabo. Siempre quiero ser la mejor: la más atenta de clase, la más lectora, la más escritora, la que mejor escribe, la mejor amiga, la mejor novia, la mejor hija, pero simplemente no puedo abarcar tantos papeles.
Me comporto muchas veces como una niña pequeña porque me encanta que me presten atención. Igual es porque cuando lo era, no me la prestaban tanto como se suele prestar. Me resulta tan doloroso recordar muchas cosas que , en cuanto se me vienen a la cabeza esos pensamientos, intento hacerlos desaparecer atrayendo a mi mente la imagen de él, mi héroe o mi Príncipe Azul.
Una vez, me dijo: "Oyes, más Carpe Diem y menos Tempus Fuguit". Es cierto, siempre vivo con ese maldito latinismo que me persigue, y es que una cosa va sí o sí relacionada con la otra, ya que puedes disfrutar del momento, pero el tiempo se escapa, se va volando. Me da pánico el futuro, como me da miedo el presente y me aterroriza el pasado. Son tantas cosas, tantísimas que no soy capaz de expresarlas hablando. Es terrible no ser capaz de hablar y que la única forma que se tiene es la de escribir, la única vía de escape. Y esto es algo así como mi psicólogo personal. Escribir como vía de escape. Me gusta.