Un escritor, siempre tiene una excusa para escribir. Será que soy una pésima escritora, pues últimamente me he quedado sin ideas. Mis musas me abandonaron diciéndome que o cambiaba los temas de los que estaba escribiendo o que no volverían jamás, que estaban cansadas de ver protagonistas débiles que solo sufrían por amor. Que cerdas que son mis musas. ¡Qué sabrán ellas! Ellas son una simple fuente de inspiración, en las que yo me apoyo cuando mi imaginación decide no hacerme caso. Y, sin embargo, eran ellas mismas las que escribían, las que tecleaban todas y cada una de mis historias. Aún no entiendo por qué decidieron abandonarme.
Pero como todas las relaciones, la mía con mis musas también acabó. Y como las echo de menos. Me hubiera gustado haber terminado de otra forma, no sé, yendo a tomar un café o una cerveza, que me hubieran dicho: "no eres tú, somos nosotras, que hemos conocido a alguien más...", o que simplemente dijeran que ya se había "acabado la magia".
Malditas sean ellas, que me ilusionaron prometiendome que nunca se alejarían de mi, que siempre estarían a mi lado, que escribiríamos muchísimas historias con finales felices y que, aunque fueran mini-historias, todas y cada una de ellas iban a ser fantásticas.
Y así me hallo ahora, con un folio lleno de tachones, apuntes en los márgenes, palabras inconexas y una botella de bourbon al lado, preguntándome qué fue lo que hice mal, qué fue lo que hizo que esa conexión que teníamos se fuera haciendo cada día más débil y difusa.
Musas, si leéis esto, quiero que sepáis que he sido la persona más feliz del mundo a vuestro lado, que habéis hecho que abriera los ojos a otro mundo que desconocía, que juntas, hemos hecho un equipo increíble y que ojalá nunca os hubierais ido. Os echo tanto de menos... Volved.
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