viernes, 30 de septiembre de 2016

Me llaman Octubre.

Me llaman Octubre, no pretendas saber más de mi.
Mejor no preguntes, soy luna nueva fácil de partir.
No pierdas tu tiempo.
Obstinado en mantenerte como un viento a mi lado,
yo te convertí en Noviembre,
así es mi calendario.
A veces pienso que es un don olvidar...

Me llaman Octubre desde que solo hablo de ti y ya no hay más solución que esconderme.
Lo cierto es que ni siquiera sé qué escribir. Hace tanto que he perdido tal facultad que hasta me avergüenza todo lo que escribo desde hace unos cuantos meses. Me falta coherencia y muchas veces hasta tengo varias faltas de ortografía. Quizá sea que el mundo de las letras no sea mi camino, quizá que las musas me han vuelto a abandonar una vez más, pero esta vez para siempre. Lo cierto es que hoy, no sé porqué, pero tenía la necesidad imperiosa de tener que contarlo, de tener que escribirlo.

Quiero creer que algún momento volveré a ser como la que era antes. Pero he perdido tanto de un tiempo a esta parte, que miedo me da, me da miedo en lo que me estoy convirtiendo. ¿Tan fría puedo llegar a ser que ya no me afecta que no esté quienes estuvieron en otro momento? Culparé, otra vez, a ese pasado tan lejano del que procede todo y volveremos a ser las personas que antes fuimos. Achacaré una vez más a esa persona que un día hizo daño y se cree que con unos cuantos billetes puede solucionar el mundo entero. Al fin y al cabo, es la raíz de todo, es la razón de porqué soy tan despegada con todo. Es la razón por la cual ya nada duele, ya no siento nada, ya no creo en nada. Ocho años atrás volví a intentar confiar en que todo volvería a ser diferente. Una vez más, me confundí y lo que creía mío, en realidad era una estúpida visión. No era mía. Nunca sería mía. Pero me gustaba pensar en eso, engañarme una y otra vez. Bailando a su alrededor para satisfacer su deseo de haber tenido una niña. Cumpliendo con las promesas que le había hecho conforme pasaba el tiempo. Pero, en fin, a la hora de la verdad, endulzándolo todo con mentiras vestidas de palabras bonitas, obviamente, lo elegía a él, dejándome una vez más, de lado, como todo lo que me rodea, me termina dejando de lado.

Y todo ello me lleva a pensar en que, en realidad y por más que me duela en el fondo del alma, nada es mío, nada me pertenece. Todo aquello que creía mío, que creía que iba a estar siempre a mi lado, no lo está, ni lo estará nunca. Porque es así. Estoy contigo, estoy a tu lado, nunca me iré, siempre estaré para cuando más me necesites, ahí estaré cuando creas que caes en un pozo profundo, en ese momento seré yo quien te sostenga para que no caigas y te ayudaré a levantarte. Nunca más estarás sola. No lo permitiré. MENTIRA. Nada de eso es verdad. Ni lo será nunca. Créeme. No lo digo por decir, nadie más que tú te levantará. Nadie más que tú estará ahí contigo cuando más lo necesites. Siempre es así y siempre será así.

Todo lo que ahí estaba antes para hacerte reír, divertirte... Desvanece... Como una brisa de aire fresco que te pega en la cara. Así es la bofetada que recibes de eso que muchos llaman "destino". ¡DESTINO! Menuda estupidez. No existe.