martes, 21 de junio de 2022

Feels like heaven.

     Hoy, justamente hoy hace un año que me cambió la vida bastante. No voy a decir que me dio un giro de 180º, pero sí que me hizo creer que quizá el mundo no era tan malo, que quizá aún hay personas que son buenas de corazón, que son buenas de verdad.

    Hoy hace un año que conocí a este ser de luz preciosa, la más bonita, quizá, que nunca antes había visto. Lo cierto es que se me gira un poco la cabeza pensando que qué suerte que he tenido encontrándome con él. Es un imán de cosas buenas y bonitas. 

    Con él llegaron días de playa, noches largas de calor, personas bonitas que te hacen sentir bien porque no tienen ninguna maldad de trasfondo. Llegaron también canciones nuevas y canciones viejas que le cambiaron totalmente el significado que le tenía. Viejos lugares se convirtieron en toda una experiencia innovadora, nuevos lugares que se terminaron convirtiendo en una especie de "casa". También llegaron las rutinas, que esta vez no son malas: levantarnos por la mañana y tomar café, cocinar, ordenar el piso, contarnos qué tal nos fue el día e irnos a dormir otra vez. Compartir una cerveza en la terraza mientras me enseña nuevas canciones o cosas de su grupo que ha cambiado porque no les terminaba de convencer una mínima parte y darme cuenta de que tenían razón.

    Nunca me imaginé todo lo que he vivido este último año y pensarás: "tampoco has podido vivir tanto en un año como para estar así". No tienes ni idea. El simple hecho de tener una relación sana, que cada uno tenga su espacio, así como tener miles de ganas de compartir momentos juntos, pero respetándonos, el no tener que estar dudando de nada, que no haya ningún tipo de desconfianza... Todo ello te hace crecer como persona, te hace estar en paz contigo mismo y, obviamente, con los que te rodean.

    Un año ya... Qué rápido se me pasó.

miércoles, 30 de marzo de 2022

It’s time like these you learn to love again.

Con el paso del tiempo me voy dando cuenta de lo mucho que me cuesta comenzar a escribir. Por muchas ganas que tenga, por muchas emociones que necesite expresar, me quedo en blanco cada vez que me enfrento a una página en blanco o a una nueva entrada vacía. 

Digamos que me cuesta muchísimo esfuerzo enfrentarme a cosas nuevas. Me genera ansiedad escribir y cagarla. Luego, le vuelvo a dar otra vuelta a la tuerca, y me recuerdo por enésima vez que es mi espacio personal, algo que he abierto para mi, por mi, como una especie de autoregalo para ordenar mis ideas y dejarme llevar por mis emociones, aunque vayan a unos niveles de intensidad insoportables. Hay gente que descarga su intensidad entrenando, otros creando música. Y aquí, esta señora, descarga su intensidad sintiéndose una mediocre escritora. 

Es gracioso que siempre caiga en la misma premisa, para tener una excusa por dónde empezar. Es gracioso, porque es cierto. 

Y hablando de caer siempre en lo mismo, ¿alguna vez has tenido la sensación de que fantasmas del pasado vienen a decirte “hola”? No de verdad, si no de manera figurada: encuentras fotografías que aún no has borrado, por despiste o porque simplemente es un recuerdo de algo que pasó y que fue bonito/importante para ti; caminas por la calle menos transitada y te encuentras el coche aparcado (y sabes que es ese coche porque te has aprendido la matrícula de memoria); caminas por ciertos lugares y se te aparece tu fantasma diciéndote “eh, que por aquí pasamos muchas horas; amigos en común te cuentan cosas que a ti ya no te importan, o te vienen recuerdos que se los comentas a terceras personas simplemente para quitarte un peso de encima. 

Me pongo a hacer un balance de todas estas cosas a medida que pienso también en el presente que estoy viviendo y es que no hay punto de comparación. Las comparaciones están feas, sí, pero todos pecamos en hacerlo alguna vez, quien diga que no, miente. 

Al final, es cierto que siempre acabo haciendo lo mismo, por no hablar, por no decir, caigo en una espiral de dudas y de pensamientos que no tengo ninguna necesidad de caer, al fin y al cabo, todo lo que me rodea es sano y bueno. Me pregunto qué necesidad de autoboicotearme tengo.

Supongo que también es la suma de mi dependencia emocional, de traumas del pasado y, oh, Dios mío, estoy enferma. No se cómo pretendo tener una vida “normal” si la que tiene todos estos problemas soy yo. 

No sé hasta qué punto es sano y justo hacerle pasar estos desequilibrios a una persona que mentalmente es sana. ¿Qué necesidad tendrá este ser de pasar por todo esto? Quiero decir, se merece a una persona sana, como él. No una desequilibrada. Una persona con una madurez emocional, cosa de la que me he dado cuenta estos días que carezco.

Pero es que tampoco quiero perder la oportunidad de crear algo que desde el principio es bonito, porque parece que todo estaba escrito para que fuera así. ¿Quién me iba a decir a mi que iba a encontrar a alguien así, de la noche a la mañana? A veces siento que la que está montada en una montaña rusa de emociones soy yo sola, porque me monto mis propios dramas en mi propia cabeza. 

Di tú que por lo menos, aparento ser una persona sana. Ja.



*Nota: creo que es hora de que vuelvas a terapia.