viernes, 23 de octubre de 2015

20.

Diría que empiezo una nueva etapa, es una nueva década, son 20 años de supervivencia. 20 años, no me lo creo. La de cosas que han pasado ya y, como quién dice, tan sólo han pasado 20 años de ese fatídico 23 de octubre de 1995.
No es que sienta especial emoción por cumplir años, si soy 100% sincera, todo lo contrario. Me quedaría con estos años y ya. De hecho, he dicho que este es el último año que cumplo años. Basta ya. No puede ser que ayer tuviera 18 y hoy ya tenga 20. Pues no, me niego.
Aunque, en realidad, no me puedo quejar.  Los llevo bastante bien. Tengo todo lo que puedo "necesitar" dentro de lo que cabe. Tengo unos amigos estupendisimos, personas que aún estoy conociendo, una familia de 10, que cuando los necesito están ahí... ¿Yo qué sé? Creo que no necesito nada más.
Si me pongo a hacer un balance ahora de todo lo que ha pasado este año, no tengo ninguna queja, la balanza se inclina hacia lo bueno y, por eso, no me puedo quejar. Obviamente, ha sido un año con muchos altibajos, personas a las que he querido muchísimo, se han ido para no volver nunca más por diferentes circunstancias y hoy es cuando más los echo de menos. Esas llamadas o mensajes que no voy a recibir hoy son las que más echo y echaré de menos.
Y, hablando en plata, gracias a lo que fuera, no me han despertado con ese puñetero mensaje que recibía toooodos los años a las 4:45 de la mañana: "hoy, hace x años atrás, nacía una hermosa niña, la cual se llamó Evelyn". Si hasta me lo sé de memoria. Que poca cara tienen muchas personas... Pero no, no me puedo quejar.
A medida que voy escribiendo esto, me voy acordando de pequeños fragmentos del año pasado que fueron felicidad en estado puro. Noches, llegadas, paseos, primeros "te quiero" que me inhundaron de felicidad, lecturas, llamadas por Skype, visitas a Gustavo, cafés para charlas infinitas, "bancos de confianza", ser una "erasmus" francesa  por una noche, conciertos, nuevas amistades, amores pasajeros, amores perpetuos... Millones, millones de recuerdos. Y, joder, son todos buenísimos. Los malos, pues prefiero guardarlos y que queden en nada.
En fin. Feliz cumpleaños, Eve.

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