martes, 20 de junio de 2023

2 años.

 Hoy hace dos años que tuve el día que lo cambiaría todo. Hoy, justamente hoy, hace dos años que después de muchas horas hablando por mensajes le puse cara a quien se convertiría el amor de mi vida. Sé que suena demasiado cursi, sé que dan ganas de vomitar arcoíris cada vez que hablo y/o escribo sobre esto, pero es que es verdad. Y lo supe al momento. Lo supe en el primer momento en que vi esos ojos mirarme fijamente. Lo supe. No sé cómo, pero lo supe. Y qué bonito es recordar ese momento.

Han pasado tantas cosas en estos dos años, que hasta puede llegar a dar un poco de vértigo, pero han sido dos años maravillosos. Si a la Evelyn de hace dos años le contara todo lo que estoy pasando a día de hoy, no se lo creería, me diría que estoy mal, que lo estoy inventando. Pero qué suerte que hemos tenido, amiga.

Se suele decir que todo pasa por algo: los errores, las penas, los llantos incontenibles, las noches enteras sin dormir, esos dolores que crees que te mereces, porque no sabes lo que realmente es lo que te mereces, porque no han sabido dártelo, ni siquiera tú misma sabías dártelo. Tanto mal para que se convierta en tanto bien. Tanta toxicidad, para que se convierta en aprendizaje, no volver a repetir errores y cambiarlo a actitudes sanas. Qué maravilla encontrar a la persona que te hace sentir bien, que no te juzgue, que te quiera bien y que te ayude a aprender a quererte a ti misma, sobre todas las cosas.

Creo que no se imagina (ni por asomo) lo mucho que me ha enseñado en estos dos años. Ni se imagina tampoco lo tan fuerte que es el sentimiento que tengo hacia él. Tanta felicidad, tanto amor, tanta admiración que a veces siento que me explota el pecho de felicidad.

La verdad, es que no me tiembla el pulso al afirmar, con toda la de la Ley, que es el amor de mi vida.

martes, 21 de junio de 2022

Feels like heaven.

     Hoy, justamente hoy hace un año que me cambió la vida bastante. No voy a decir que me dio un giro de 180º, pero sí que me hizo creer que quizá el mundo no era tan malo, que quizá aún hay personas que son buenas de corazón, que son buenas de verdad.

    Hoy hace un año que conocí a este ser de luz preciosa, la más bonita, quizá, que nunca antes había visto. Lo cierto es que se me gira un poco la cabeza pensando que qué suerte que he tenido encontrándome con él. Es un imán de cosas buenas y bonitas. 

    Con él llegaron días de playa, noches largas de calor, personas bonitas que te hacen sentir bien porque no tienen ninguna maldad de trasfondo. Llegaron también canciones nuevas y canciones viejas que le cambiaron totalmente el significado que le tenía. Viejos lugares se convirtieron en toda una experiencia innovadora, nuevos lugares que se terminaron convirtiendo en una especie de "casa". También llegaron las rutinas, que esta vez no son malas: levantarnos por la mañana y tomar café, cocinar, ordenar el piso, contarnos qué tal nos fue el día e irnos a dormir otra vez. Compartir una cerveza en la terraza mientras me enseña nuevas canciones o cosas de su grupo que ha cambiado porque no les terminaba de convencer una mínima parte y darme cuenta de que tenían razón.

    Nunca me imaginé todo lo que he vivido este último año y pensarás: "tampoco has podido vivir tanto en un año como para estar así". No tienes ni idea. El simple hecho de tener una relación sana, que cada uno tenga su espacio, así como tener miles de ganas de compartir momentos juntos, pero respetándonos, el no tener que estar dudando de nada, que no haya ningún tipo de desconfianza... Todo ello te hace crecer como persona, te hace estar en paz contigo mismo y, obviamente, con los que te rodean.

    Un año ya... Qué rápido se me pasó.

miércoles, 30 de marzo de 2022

It’s time like these you learn to love again.

Con el paso del tiempo me voy dando cuenta de lo mucho que me cuesta comenzar a escribir. Por muchas ganas que tenga, por muchas emociones que necesite expresar, me quedo en blanco cada vez que me enfrento a una página en blanco o a una nueva entrada vacía. 

Digamos que me cuesta muchísimo esfuerzo enfrentarme a cosas nuevas. Me genera ansiedad escribir y cagarla. Luego, le vuelvo a dar otra vuelta a la tuerca, y me recuerdo por enésima vez que es mi espacio personal, algo que he abierto para mi, por mi, como una especie de autoregalo para ordenar mis ideas y dejarme llevar por mis emociones, aunque vayan a unos niveles de intensidad insoportables. Hay gente que descarga su intensidad entrenando, otros creando música. Y aquí, esta señora, descarga su intensidad sintiéndose una mediocre escritora. 

Es gracioso que siempre caiga en la misma premisa, para tener una excusa por dónde empezar. Es gracioso, porque es cierto. 

Y hablando de caer siempre en lo mismo, ¿alguna vez has tenido la sensación de que fantasmas del pasado vienen a decirte “hola”? No de verdad, si no de manera figurada: encuentras fotografías que aún no has borrado, por despiste o porque simplemente es un recuerdo de algo que pasó y que fue bonito/importante para ti; caminas por la calle menos transitada y te encuentras el coche aparcado (y sabes que es ese coche porque te has aprendido la matrícula de memoria); caminas por ciertos lugares y se te aparece tu fantasma diciéndote “eh, que por aquí pasamos muchas horas; amigos en común te cuentan cosas que a ti ya no te importan, o te vienen recuerdos que se los comentas a terceras personas simplemente para quitarte un peso de encima. 

Me pongo a hacer un balance de todas estas cosas a medida que pienso también en el presente que estoy viviendo y es que no hay punto de comparación. Las comparaciones están feas, sí, pero todos pecamos en hacerlo alguna vez, quien diga que no, miente. 

Al final, es cierto que siempre acabo haciendo lo mismo, por no hablar, por no decir, caigo en una espiral de dudas y de pensamientos que no tengo ninguna necesidad de caer, al fin y al cabo, todo lo que me rodea es sano y bueno. Me pregunto qué necesidad de autoboicotearme tengo.

Supongo que también es la suma de mi dependencia emocional, de traumas del pasado y, oh, Dios mío, estoy enferma. No se cómo pretendo tener una vida “normal” si la que tiene todos estos problemas soy yo. 

No sé hasta qué punto es sano y justo hacerle pasar estos desequilibrios a una persona que mentalmente es sana. ¿Qué necesidad tendrá este ser de pasar por todo esto? Quiero decir, se merece a una persona sana, como él. No una desequilibrada. Una persona con una madurez emocional, cosa de la que me he dado cuenta estos días que carezco.

Pero es que tampoco quiero perder la oportunidad de crear algo que desde el principio es bonito, porque parece que todo estaba escrito para que fuera así. ¿Quién me iba a decir a mi que iba a encontrar a alguien así, de la noche a la mañana? A veces siento que la que está montada en una montaña rusa de emociones soy yo sola, porque me monto mis propios dramas en mi propia cabeza. 

Di tú que por lo menos, aparento ser una persona sana. Ja.



*Nota: creo que es hora de que vuelvas a terapia.

lunes, 20 de diciembre de 2021

Relaciones.

    Esta pregunta parece sacada de un post de Instagram, pero ahí va: ¿duele más que te rompa el corazón quien creías que era el amor de tu vida, o tu mejor amigx? Damn, girl, estás modo intensa máxima hoy. Allá vamos.
    Quien bien me conoce, sabe que hace poco más de un año, quien creía que era el amor de mi vida, el que sería el padre de mis hijos perrunos (patética), quien me ayudó en mis peores momentos, pero quien también me hizo pasar infiernos dantescos, me rompió el corazón en millones de pedazos, haciéndome pensar que quizá era yo el error, la que no merecía ser feliz o ser amada. Y ahí estuvo mi mejor amiga, para apoyarme, para sacarme adelante, secarme las lágrimas, beber mucho vino, salir mucho de fiesta, hacerme reír también, dormir juntas y montar nuestra propia telenovela latinoamericana quemando las fotos que tenía de él en la cartera. Somos latinas, maldita sea, deja de juzgar nuestro dramatismo.
    También estuve yo ahí cuando a ella le rompió el corazón y que a día de hoy sigo pensando que no me hubiera gustado nada haber pasado por el tormento que pasó ella. Si ya de por sí es una mujer que se ha enfrentado a miles de fantasmas, que es una mujer que admiro por su fuerza y su independencia, el dolor que le causó ese ser (por llamarlo de alguna manera, que ni “ser” se le puede llamar), fue tan jodidamente fuerte, que fue la gota que colmó el vaso para ella y para todo lo que se terminaría desarrollando más tarde.
    Y se fue. Se fue y la apoyé a que se fuera, a que despejara, a que cambiara de aires, que intentara buscar de alguna manera su esencia otra vez, que se rencontrara otra vez con los suyos, con sus raíces y que se volviera a sentir querida. Y vivió infiernos, Dios sabe que vivió infiernos. Las cosas se iban poniendo más turbias estando allí (psicólogos, pruebas médicas…), pero lo superó todo, porque como escribí ahí arriba, es una mujer fuerte y todo lo que se interpone en el medio, lo supera. Y se volvió a ir, a otro país, a otro continente y al parecer ahí encontró la paz que tanto estaba buscando. 
    Sin embargo, me prometió que iba a volver, que volvería a casa con más fuerza que nunca y renovada, que era por eso por lo que se iba, para poder volver renovada. Le creí y lo que iba a ser un mes, se terminaron convirtiendo en dos, esos dos meses pasaron a ser otros tres. Hasta que llegó el día que dijo lo que yo ya sabía que iba a pasar, el día en que dijo que estaba bien allí y se quedaría de manera indefinida. Estúpida yo por confiar en que sí iba a volver, porque lo había prometido. Que sería sólo hasta que su corazón estuviera sanado. 
    Nunca se me dieron bien las relaciones a distancia. Por más unida que esté de una persona, en el momento en que ésta decide marchar, me hace sentir que me abandona y así acabo la relación. Quizá es demasiado egoísta por mi parte, caprichoso, llámalo como quieras, pero ya me abandonaron una vez y ese sentimiento no me gusta. Como no me gusta, prefiero cortar de raíz, por más que me prometan que van a estar ahí siempre, aunque estén lejos. Siempre se termina perdiendo eso. 
    Aunque el amor, la admiración y ese sentimiento que va más allá de todo lo que se pueda llegar a explicar con mundanas palabras siempre va a estar ahí, hay cosas que no van a cambiar nunca.
    Y con este cierre de publicación, me reafirmo en la frase de que duele terriblemente más perder a tu mejor amiga, que al amor de tu vida. 

jueves, 11 de noviembre de 2021

He ganado la lotería.

 Y rezo todos los días para que esto dure para siempre, y eso que yo no soy creyente. ¿Cómo puedo explicar este sentimiento tan grande que me recorre el cuerpo cada día que me despierto y veo que está ahí? ¿Cómo narices voy a poder explicar algo tan grande que me invade el corazón cada vez que me atrapa en sus brazos? No puedo explicarlo.

Cada día que paso a su lado es como una bendición y parece que he ganado la lotería y que es la suerte de mi vida. Ni siquiera soy capaz de reconocerme cuando hablo de todo esto.

Me siento fascinada cada vez que me habla de sus pasiones, admiro cada vez que me habla de su trabajo y me siento plenamente orgullosa cada vez que escucho cosas de su proyecto personal. Me hace creer que el mundo no es tan cruel y que aún existen personas reales y buenas. 

En un par de meses me hizo sentir todo esto. Ojalá sea así siempre, que la vida siga sonriendo de esta manera.

sábado, 14 de agosto de 2021

Algo random, para variar.

     Siempre me pasa igual: siento las terribles ganas de escribir y me encuentro con este espacio vacío y no sé qué poner. Se me vienen treinta y cinco mil cosas a la cabeza y nunca sé cómo gestionarlas para que quede coherente y tenga algo de sentido. Después lo pienso un poco detenidamente y me digo: "chica, si este es tu blog, lo escribes para ti, ¿Qué necesidad tienes de que sea coherente?". Pues es verdad, Eve, no tienes ninguna necesidad de que sea coherente, mientras te entiendas tú, lo demás es innecesario.

    Una parte de mi (esa que le encanta tener el control de todas las situaciones que le pasan alrededor) le encantaría tener una bola de cristal y poder ver qué es lo que viene después de todo esto, pero hay otra parte que prefiere dejarlo así, sin saber y disfrutar de estos momentos que son de felicidad máxima, que todo está bien. También me encantaría tener un mando que me deje revivir momentos de este último mes y detenerlos ahí, pero eso no sería avanzar y todos queremos avanzar en nuestras vidas, ¿verdad?

    Puede que lo que ponga a continuación pueda ser un poco precipitado (¿? es que realmente no sé cómo definir lo que voy a escribir ahora y llevo igual veinte minutos pensando en esa palabra) pero es que creo que hacía mucho tiempo que no me sentía tan plenamente feliz y en paz conmigo misma. Esas terribles alteraciones en mi (que, créeme, eran vertiginosas) ya no pasan y eso está bien. Me hace sentir bien y que todo es más fácil. No tengo la imperiosa necesidad de estar justificando u ocultando lo que siento, porque todo es más fácil. Tampoco siento la necesidad de explicar nada, porque siento que todo se entiende a la perfección. Y en el fondo, eso me da un pelín de miedo. Miedo en el sentido de que si esta vez sale mal, me dolería más que cualquier otra cosa.

    No me malinterpretes, no intento con estas últimas palabras hacer a nadie cargo de mis problemas futuros o traumas pasados, es que simplemente, quizá, sea un miedo atroz a perder lo que creo tener ahora. Algo sano y bonito, algo que va creciendo día tras día, sin prisa pero sin pausa. Me hace tan bien... me hace bien creer que igual no todo el mundo es tan cruel y egoísta. Me hace volver a tener confianza en que sí puede existir personas reales con cero intención de causar dolor. 

    Y yo venía aquí para escribir que quizá la vida no es tan perra como creía que era, que las cosas llegan en los momentos en los que menos te esperas y todo vuelve a estar bien, que los problemas del pasado, dejaron de ser problemas para ser anécdotas (un poco macabras, quizá) de las que me puedo reír a carcajadas ahora, que eso ya no forma parte de tu vida y que todo continúa, que nadie es indispensable para la vida de nadie y que todo llega en su momento indicado, por casualidades de la vida o porque quizá estaba escrito así, que no hay mal que por bien no venga y que no todos los dramas son tan dramáticos. 

    Que vuelvo a brindar una vez más por todo lo bueno y lo malo que he vivido, que las experiencias, por muy malas que hayan sido, me han servido de aprendizaje.

    Recuérdalo siempre, querida, todo pasa por algo.

miércoles, 24 de marzo de 2021

David.

 Querido David:

Mi pequeño niño, ya estás aquí y no me lo puedo creer. Sin querer, me han hecho el regalo más grande y en mi corazón no cabe más felicidad.

Vas a ir creciendo y vas a ir descubriendo un mundo entero de experiencias y que siempre, siempre, vas a tener mi mano para cogerla y acompañarte allá donde decidas ir. 

No puedo prometerte que va a ser un camino fácil ni mucho menos, pero puedes estar seguro de que todos los que te van a rodear te van a llenar de amor. 

Vamos a compartir un sinfín de momentos y no veo la hora de tenerte ya en mis brazos, de mimarte y de consentirte. Llevarte al parque, al cole, enseñarte todo lo que sé e intentar aprender contigo lo que todavía no sabemos ambos, al final, estoy segura de que me vas a enseñar más de lo que podrás aprender de mi.

No me puedo creer que estés ya y que seas la cosita más bonita que he visto jamás. En mi vida imaginé que querría a alguien tanto como ya te quiero a ti. Nunca se me pasó por la cabeza que iba a tener el amor de mi vida y ya has llegado para cambiarlo todo y dejarlo todo patas arriba. 

Ya no cabe más amor para nadie que no seas tú, mi pequeño David.

Te querré por siempre, siempre. 

Tía Eve.