miércoles, 25 de febrero de 2015

Nuevo comienzo, otra vez.

Pues, sí, empezamos de nuevo. Vaya, empiezo de nuevo. Nueva vida, nueva ciudad. ¿Qué pasa? Pues lo que pasa es que marcho de esta hermosa ciudad. Dejo tantas cosas atrás... Amistades nuevas, viejas, incondicionales, recuerdos, canciones, amores, conocidos, enemigos... Dejo sobre todo demasiadas amistades detrás, es lo que más me apena, la verdad.

Dentro de menos de dos meses, todo va a cambiar. No me lo puedo creer. Dentro de dos meses voy a estar respirando un aire que no va a ser el mismo que aquí. Voy a sentir esa "morriña" que Rosalía de Castro describía en sus poesías. Voy a sentir pena al dejar atrás todas estas cosas. Pero, en el fondo, muy fondo, de mi ser, sé que va a ser lo mejor. Conoceré un nuevo lugar, me volveré a enamorar, supongo, en algún momento. ¿Encontraré mi príncipe azul allí? No lo sé, pero creo que estoy de camino a ello.

No sé si es por la mirada que tiene, o por esa risa contagiosa, o por su voz que enamora. La verdad es que pienso un rato en él y se me pasan todos los males. Este verano ha de ser inolvidable. Me imagino recorriendo las calles de la nueva ciudad, con mucho calor. Me imagino tumbada en la playa, algo que nunca pensé que iría a desear tanto, con una pamela y gafas de sol de diva. Supongo que me haré un nuevo cambio en el pelo. ¿Quizás sea la hora de volver a estar rubia? ¡Por Dios, no me puedo creer que esté pensando en ello, siquiera!

No me puedo creer que dentro de dos meses, menos incluso, todo vaya a cambiar. Tengo ganas de ese cambio. Tengo muchas promesas que me han de cumplir aún. Tengo ganas de que llegue ya la fecha en la que diga: "Adiós, Vigo"... aunque a veces, una lagrimilla se me aparezca rodando por mi cara y me haga pensar en lo mucho que voy a echar de menos esto. En lo mucho que voy a echar de menos a mi preciosa Carla, que sin sus duras, pero a la vez dulces palabras y consejos no podría seguir, porque me hacen sentirla como a una hermana mayor, de esas que se eligen, de esas que se te pegan a la piel y que te dejan una marcada de por vida en el corazón. A mi bonita Andrea, quien hizo que hoy por hoy sea casi "celtarra", ¿quién iba a decirme a mi que el fútbol me terminaría gustando? Y todo por su culpa. ¡Cómo echaré de menos sus crisis! ¿Y qué decir de mi diva divina de Paula? Años que nos conocemos, nos distanciamos y volvimos como antes, pero con mucha más fuerza. Mi diva Tita Blue, aunque no me pertenece, marco territorio. Cada una de ellas son una canción: son "Pirómana", son "Propuesta indecente" y son "Don´t call me white".

Echaré de menos hasta a mis enemigos, porque, ¿para qué vamos a mentirnos? Gracias a ellos me he hecho más fuerte y, también gracias a ellos, tengo mis ideas aún más claras.

Los recuerdos que tengo en esta ciudad son demasiados y no me daría una vida entera para contarlos: fiestas, conciertos, borracheras, cumpleaños, graduaciones, quedadas, peleas, reconciliaciones, paseos nocturnos, paseos por la tarde, paseos a la mañana, paseos bajo la lluvia. ¡Mi primer trabajo fuera de la cafetería de mi padre! Mis allegados... Oh, el clima de Galiza... Creo que también echaré de menos las lluvias de verano, que nos joden siempre. Y es que Galiza se ha convertido en mi segunda casa, mi segunda nacionalidad.

Cuando me vine para aquí, nunca pensé que me iría a adaptar tanto como me pasó. No entiendo qué es lo que tiene esta parte del país, que te enamora. Su historia, su lengua, su cultura, su ignorancia, sus abuelos que te cuentan su época de juventud, esa época que ya les queda lejana pero que escucho embelesada, porque me encanta escucharlos. Creo que es porque me he dejado el alma estudiando el porqué de esta sociedad que le terminé cogiendo cariño. Desde el minuto 0 que escuché el gallego por vez primera me enamoré de su acento, de su gramática y de su literatura.


Supongo que esto no es una despedida todo, sino un: "¡Hasta luego, mañana vuelvo!"

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