Siempre que escribo en este espacio, utilizo la alineación de los párrafos con justificación, y me acabo de dar cuenta de ello ahora mismo cuando entré a revisar cómo iban las visitas de mis posts anteriores. Me hizo pensar en esa palabra. Justificación.
He vivido prácticamente toda mi vida dando justificaciones de mis actos, culpando muchas veces a terceras personas por mi forma de actuar, por lo que decía... Algo muy propio de la raza humana. Echar las culpas a los demás. ¿Qué sentido tiene eso? Quiero decir, se supone que tenemos que hacernos cargo de nuestros actos, de nuestra forma de ser, la forma en la que enfrentamos la vida, al fin y al cabo, es algo que decidimos por motu proprio. (Qué intelectual y filosófica se pone ella a veces, ¿eh?)
Y hay veces en las que ni siquiera sé qué decir. Hay ocasiones en las que ni siquiera sé cómo expresar todo lo que tengo dentro y no sé si hago lo correcto actuando con el silencio. Digamos que muchas veces simplemente decido callar para evitar o para eludir situaciones incómodas. Pasa el tiempo y creo que el correr de él va a hacer que apacigüen las aguas. Pero no es verdad. Cobardía, dirían algunos. Otros, sin embargo, supervivencia.
Igual no me hizo pensar mucho esa palabra. Igual sólo fue una excusa para escribir y ahora no sé cómo acabar este texto.
Quizá sea hora de dormir.
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