Siempre me pasa igual: siento las terribles ganas de escribir y me encuentro con este espacio vacío y no sé qué poner. Se me vienen treinta y cinco mil cosas a la cabeza y nunca sé cómo gestionarlas para que quede coherente y tenga algo de sentido. Después lo pienso un poco detenidamente y me digo: "chica, si este es tu blog, lo escribes para ti, ¿Qué necesidad tienes de que sea coherente?". Pues es verdad, Eve, no tienes ninguna necesidad de que sea coherente, mientras te entiendas tú, lo demás es innecesario.
Una parte de mi (esa que le encanta tener el control de todas las situaciones que le pasan alrededor) le encantaría tener una bola de cristal y poder ver qué es lo que viene después de todo esto, pero hay otra parte que prefiere dejarlo así, sin saber y disfrutar de estos momentos que son de felicidad máxima, que todo está bien. También me encantaría tener un mando que me deje revivir momentos de este último mes y detenerlos ahí, pero eso no sería avanzar y todos queremos avanzar en nuestras vidas, ¿verdad?
Puede que lo que ponga a continuación pueda ser un poco precipitado (¿? es que realmente no sé cómo definir lo que voy a escribir ahora y llevo igual veinte minutos pensando en esa palabra) pero es que creo que hacía mucho tiempo que no me sentía tan plenamente feliz y en paz conmigo misma. Esas terribles alteraciones en mi (que, créeme, eran vertiginosas) ya no pasan y eso está bien. Me hace sentir bien y que todo es más fácil. No tengo la imperiosa necesidad de estar justificando u ocultando lo que siento, porque todo es más fácil. Tampoco siento la necesidad de explicar nada, porque siento que todo se entiende a la perfección. Y en el fondo, eso me da un pelín de miedo. Miedo en el sentido de que si esta vez sale mal, me dolería más que cualquier otra cosa.
No me malinterpretes, no intento con estas últimas palabras hacer a nadie cargo de mis problemas futuros o traumas pasados, es que simplemente, quizá, sea un miedo atroz a perder lo que creo tener ahora. Algo sano y bonito, algo que va creciendo día tras día, sin prisa pero sin pausa. Me hace tan bien... me hace bien creer que igual no todo el mundo es tan cruel y egoísta. Me hace volver a tener confianza en que sí puede existir personas reales con cero intención de causar dolor.
Y yo venía aquí para escribir que quizá la vida no es tan perra como creía que era, que las cosas llegan en los momentos en los que menos te esperas y todo vuelve a estar bien, que los problemas del pasado, dejaron de ser problemas para ser anécdotas (un poco macabras, quizá) de las que me puedo reír a carcajadas ahora, que eso ya no forma parte de tu vida y que todo continúa, que nadie es indispensable para la vida de nadie y que todo llega en su momento indicado, por casualidades de la vida o porque quizá estaba escrito así, que no hay mal que por bien no venga y que no todos los dramas son tan dramáticos.
Que vuelvo a brindar una vez más por todo lo bueno y lo malo que he vivido, que las experiencias, por muy malas que hayan sido, me han servido de aprendizaje.
Recuérdalo siempre, querida, todo pasa por algo.
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