Y sí, se terminó.
Esta vez, de verdad. Ya no estás, ya no tengo mensajes de buenos días, ni memes de corgis, ni canciones, ni vídeos ni fotos. Se acabó. Lo peor de todo esto es que estoy en paz, porque sé que no he hecho nada mal ni nada malo como para estar preocupada. Sé que he hecho las cosas bien, por una vez en mi vida.
Lo que no estoy segura de si él sí ha hecho las cosas bien o no. Creo que fue eso lo que nos ha matado a los dos, la desconfianza de uno y del otro. Me hago cargo de mis errores y mis fallos, pero jamás le mentí. No estoy segura de que él pueda decir lo mismo.
¿Soy dura? Quizá. Pero era lo mejor. De vez en cuando flaqueo un poco y pienso en escribirle, saber como está, pienso en lo mucho que le he querido y lo que me encantaría tenerle a mi lado, aunque sea como amigo... Después lo pienso mejor y creo que eso solo nos haría más daño a los dos. Y lo vuelvo a pensar mejor y recuerdo las conversaciones que tuve con su hermana y su madre y ya me llega de sobra para pensar que sí, que es mejor así, que está bien y que no me echa de menos. Que su vida sigue y que ya no tiene mi peso encima de él. Quizá ahora encuentre a alguien que sí le comprenda y que sí le haga feliz, que le brinde todo lo que demanda y que tengan los mismos objetivos.
Aunque no pueda evitarlo, siempre te querré, con todo mi corazón y ni te imaginas lo mucho que duele no saber de ti.
2020, estás siendo un año de mierda.
2020, estás siendo un año de mierda.
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