Aún no es el día, pero me apetecía hacerlo hoy, no sé porqué pero tengo la necesidad de escribir sobre este tema.
Hace un par de años (cinco para ser exactos) escribí sobre cómo me sentía el día que cumplí los veinte años. Estaba terminando segundo de bachiller (tarde, lo sé, pero es que me lo tomé con mucha calma) y tenía -o pensaba que tenía- la vida solucionada: trabajo estable, ya me había ido de casa de mis padres, un grupo de amigos fantástico (que a día de hoy solo quedan en el recuerdo), mi familia estaba unida en cierta medida, una pareja que, bueno, decía que me quería... Sin embargo, me acuerdo que fue el cumpleaños más solitario del mundo, ya que estuve completamente sola.
A día de hoy, veo hacia atrás y, por más que he perdido muchas cosas, creo que he ganado. Le he ganado en estos cinco años a muchas batallas que tenía pendientes, dejé todo el rencor a un lado y me he convertido en una chica más dura de lo que era antes, más independiente, más real, pero sobre todas las cosas, más mía.
Aprendí que no todo dura para siempre, que hoy están y mañana desaparecen, que si me caigo, solo yo voy a ser capaz de levantarme, aunque me cueste la vida entera. Que yo sola soy capaz de salir de las peores situaciones. Aprendí lo que realmente significa la palabra "amistad", de esas que están en las duras y en las maduras. Aprendí que no necesito de absolutamente nadie para ser feliz, que la felicidad me la brindo yo misma. Aprendí también a perdonar y a perdonarme. Aprendí lo que es el dolor de la muerte de un amigo. También aprendí a que soy capaz de hacer mil horas y hacerme un tiempo para los míos, que la vida son dos días y que no tengo que amargarme por tonterías.
He ganado.
He ganado experiencias que en mi vida creí que las iba a vivir. He ganado a un nuevo grupo de amigos que son como una pequeña familia, he ganado una sobrina que llegará en un par de meses de la persona que menos me imaginé que sería parte de mi familia. He ganado a mi batalla interior sobre mis fantasmas del pasado, que era una carga que pensé que jamás me quitaría de encima.
He perdido.
Perdí unas cuantas cosas por el camino también, muchas que me dolieron y me dolerán el resto de mi vida, muchas de ellas irreversibles. He perdido gente que jamás pensé que perdería, pero no puedo negar que muchas de esas personas están mejor fuera de mi vida que perteneciendo a ellas. Perdí al que creía que era el amor de mi vida.
Pero, míralo bien, ¿ves como he ganado? Lo bueno pesa mucho, muchísimo más que lo malo. Por fin veo que todos los esfuerzos y sacrificios están dando su fruto, que soy feliz y que tengo paz en mí. ¿Qué más puedo pedir? Llevo una vida buena, la carrera va viento en popa y todo lo que me rodea me hace bien y feliz. Al fin me estoy focalizando en mis objetivos y tengo claro lo que realmente quiero para el futuro en mi vida.
Hace unos días un amigo me dijo: "este año se suponía que iba a ser mi año y, mira, Coronavirus, nos han confinado, lo he dejado completamente con mi novia y solo quedan dos meses para que acabe, pero, ¿sabes qué? Confío en que algo bueno llegará". Me encantaría que fuese verdad, que en estos dos meses que quedan de años, tengamos un golpe de suerte y algo cambie.
No sé qué será lo que me depare de aquí a cinco años, pero espero que sea mucho mejor de lo que están siendo el comienzo de estos 25. Y, como todos los años, soplaré una vela pidiendo un solo deseo.
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