Hoy, justamente hoy hace un año que me cambió la vida bastante. No voy a decir que me dio un giro de 180º, pero sí que me hizo creer que quizá el mundo no era tan malo, que quizá aún hay personas que son buenas de corazón, que son buenas de verdad.
Hoy hace un año que conocí a este ser de luz preciosa, la más bonita, quizá, que nunca antes había visto. Lo cierto es que se me gira un poco la cabeza pensando que qué suerte que he tenido encontrándome con él. Es un imán de cosas buenas y bonitas.
Con él llegaron días de playa, noches largas de calor, personas bonitas que te hacen sentir bien porque no tienen ninguna maldad de trasfondo. Llegaron también canciones nuevas y canciones viejas que le cambiaron totalmente el significado que le tenía. Viejos lugares se convirtieron en toda una experiencia innovadora, nuevos lugares que se terminaron convirtiendo en una especie de "casa". También llegaron las rutinas, que esta vez no son malas: levantarnos por la mañana y tomar café, cocinar, ordenar el piso, contarnos qué tal nos fue el día e irnos a dormir otra vez. Compartir una cerveza en la terraza mientras me enseña nuevas canciones o cosas de su grupo que ha cambiado porque no les terminaba de convencer una mínima parte y darme cuenta de que tenían razón.
Nunca me imaginé todo lo que he vivido este último año y pensarás: "tampoco has podido vivir tanto en un año como para estar así". No tienes ni idea. El simple hecho de tener una relación sana, que cada uno tenga su espacio, así como tener miles de ganas de compartir momentos juntos, pero respetándonos, el no tener que estar dudando de nada, que no haya ningún tipo de desconfianza... Todo ello te hace crecer como persona, te hace estar en paz contigo mismo y, obviamente, con los que te rodean.
Un año ya... Qué rápido se me pasó.
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